Cuando México se independizó, el territorio no era un mosaico por unir, sino una unidad que el federalismo se encargó de fragmentar. Partiendo desde la Constitución de 1824 hasta el presente, aquí se muestra cómo este modelo importado facilitó la formación de oligarquías locales, alimentó más de 1.500 rebeliones en medio siglo y dejó secuelas que aún se sienten en el Culiacanazo o los reclamos separatistas en Nuevo León.