La República de Colombia tiene una situación geopolíticamente privilegiada para ser el centro de gravedad sobre el que podría orbitar la unificación iberófona. Tiene frontera con Brasil, la gran nación lusofona, la nación política iberófona más poblada y más extensa geográficamente hablando. Y tiene contacto con América central a través de su frontera con Panamá, lo que le acerca a México. Colombia tiene la posibilidad de ser el nexo de unión de Brasil y México en la Iberofonía, y también, a través de su numerosa población migrante en España, de acercar a la Madre Patria al resto del mundo hispano. No obstante, su privilegio es también su mayor peligro, y en este artículo explicaremos por qué.
Colombia, en su Constitución nacional, vigente desde 1991 y actualizada mediante Actos Legislativos en 2016, se define en su Artículo 1 como un “Estado social de derecho”, unitario y descentralizado, democrático, participativo y pluralista. Se puede decir que Colombia ha logrado alcanzar, a pesar de su atribulado siglo XX, el estatus político de una democracia liberal burguesa avanzada con claros componentes ideológicos socialdemócratas. En su preámbulo reivindica la “comunidad latinoamericana”, con lo que su idea de unidad se inserta claramente en el latinoamericanismo. Ello explica, en gran parte, cómo a nivel de superestructura ideológica el progresismo, como forma de-generada de la izquierda socialdemócrata, la cuarta generación de las izquierdas políticamente definidas, es la ideología hoy reinante en Colombia. Esto que digo no implica negar la mayor a todo lo que haga en materia política el partido político gobernante en el país, el Pacto Histórico, surgido de una coalición previa del mismo nombre en el que han convergido diversas fuerzas políticas socialdemócratas más el Partido Comunista Colombiano, dando lugar a una organización que está más en la línea de un Morena en México o un Podemos en España, salvando las distancias y teniendo en cuenta las diferencias entre estos tres partidos políticos.
Con lo que llevamos expuesto queremos señalar que la socialdemocracia desmarxistizada típica de las democracias liberales burguesas avanzadas en la Iberofonía es la modalidad de izquierda tolerada y apoyada desde la propia estructura política constitucional de Colombia. La socialdemocracia colombiana es latinoamericanista, indigenista, feminista, ecoambientalista y tercermundista, o como se diría ahora, defensora del papel de Colombia dentro del llamado Sur Global. De esta manera, el perfil del Pacto Histórico combina las tradiciones políticas propias de las izquierdas colombianas del siglo XX, que desarrollaron su trayectoria política en un contexto de guerra civil no declarada entre las guerrillas, las contraguerrillas, los narcos y el Estado, y las tendencias de la izquierda indefinida surgida entre Europa occidental y los Estados Unidos de Norteamérica también en el siglo pasado, y que ya hemos mencionado (feminismo, ecologismo, indigenismo, etc.). Por ello, las posiciones de Gustavo Petro, presidente actual del país, ejemplifican esta combinación en la que, con características propias, Colombia está regida por una fuerza política reformista, no revolucionaria, que combina aciertos y errores en política interna y exterior. Dichos aciertos (por ejemplo, el Plan Nacional de Desarrollo, el aumento del salario mínimo, la reforma tributaria o el plantar cara a Trump en sus arengas contra la soberanía colombiana) y errores (latinoamericanismo indigenista) son expresión, precisamente, de la combinación de ambas tradiciones políticas, la autóctona (de la que partirían los aciertos) y la foránea (de la que partirían los errores). Por esta atribulada combinación de líneas políticas a seguir, Petro y el Pacto Histórico están lejos de ser una vanguardia revolucionaria unificadora no ya solo de la Iberofonía, sino incluso de la Gran Colombia que Petro lleva reivindicando hace tiempo. La reunificación de la Gran Colombia, que se formó sobre la base del Virreinato de Nueva Granada en tiempos del Imperio Español, sí podría ser un gran paso a hacia la unidad suramericana, iberoamericana e iberófona después. Pero todavía estamos lejos de ello, y no consideramos que la socialdemocracia pueda ser la ideología adecuada para liderar estas reunificaciones.
Colombia es 2,3 veces más extensa que España, tiene 1142 km2, siendo la 25ª nación política más extensa de la Tierra. Y tiene una población que camina ya hacia los 60 millones de habitantes. Además del español se hablan en Colombia hasta 65 lenguas prehispánicas, dos criollas (palenquero de San Basilio y el criollo de las islas de Providencia y San Andrés), el romanés o romaní gitano y la lengua de señas colombiana. Tiene frontera con Venezuela, Brasil, Perú, Ecuador y Panamá. Por tanto, demográficamente hablando, Colombia es un país muy diversos y grande que supone la entrada, por tierra, tanto a América central y del Norte como a América del Sur. Es una de las naciones más militarizadas de América del Sur. Las Fuerzas Militares de Colombia cuentan con un total de 593.800 efectivos, según datos de The Military Balance, de James Hacket, publicado en 2021 (p. 404). Además, cuentan con hasta 995.000 reservistas, según el 2022 Colombia Military Strength, de Global Firepower.Com. Es el cuarto o quinto ejército más poderoso de Iberoamérica, y está en el puesto 44 a nivel mundial. Es un aliado estratégico importante de los EEUU, porque ha tenido siempre una relación histórica estrecha con el Imperio Estadounidense a través de la formación de muchos oficiales y suboficiales colombianos en la Escuela de las Américas, que pasó a denominarse Instituto del Hemisferio Occidental para la Cooperación en Seguridad (WHINSEC, por sus siglas en inglés), situado en Fort Benning, Georgia (EEUU). Buena parte de los militares colombianos están, por tanto, entrenados en contrainsurgencia según la Doctrina de Seguridad Nacional que siguió EEUU durante la Primera Guerra Fría. Previamente a la yankización del Ejército colombiano, este fue influido por las Fuerzas Armadas chilenas, las cuales habían sido formadas en la doctrina militar alemana.
Así pues, ya tenemos una doble combinación político-ideológica y militar importante a resaltar sobre el papel que, hoy, Colombia puede ejercer de cara al resto de la Iberofonía. Por un lado, una socialdemocracia homologada y homologable a otras parecidas en Europa y América, y por otro un ejército que, en gran parte, y aunque es respetuoso de la legalidad vigente, ha sido formado mayormente desde centros fundamentales para el afianzamiento de la estrategia imperial depredadora del capitalismo anglogermánico de los EEUU de Norteamérica. Además, Colombia tiene una derecha liberal que, cada vez más, sigue las tendencias hegemónicas en Hispanoamérica de la llamada “nueva derecha” de Agustín Laje, esto es: liberalismo económico, individualismo político, antiprogresismo, antiwokismo, anglofilia, sionismo y democratismo. Es la línea que sigue el Centro Democrático, a la que hay que añadir la defensa de la figura del caudillaje, heredera de los años de gobierno de Álvaro Uribe. No obstante, esta “nueva derecha” liberal está, también como la izquierda, homologada a las derechas propias de las democracias liberales burguesas avanzadas de nuestro tiempo, en las que aquellas son sucursales del Partido Demócrata de EEUU, y éstas son sucursales del Partido Republicano de EEUU. Como diría Francisco Franco, “todo está atado y bien atado”.
Colombia, además, es parte de la Comunidad Andina, de la Alianza del Pacífico, de UNASUR, de la CELAC, de la ALADI, de la CPPS (Comisión Permanente del Pacífico Sur, dedicado a la coordinación de políticas marítimas), de la OEA y de la ONU, además de pertenecer a la SEGIB y participar en las Cumbres Iberoamericanas. Se trata de instituciones muy diversas, algunas con líneas completamente divergentes, como es la UNASUR (en coma asistido) o la CELAC y la Alianza del Pacífico, que está dirigida hacia el mercado asiático pero que fue impulsada en tiempos de la presidencia de Barack Obama en los EEUU. Y otras que, desde hace tiempo, están inactivas como ALADI. El papel de Colombia en estas organizaciones, además, no es de liderazgo sino de una suerte de membresía ejemplarista respecto de las demás naciones que forman parte de ellas. Difícilmente puede convertirse Colombia en un actor unificador primero regional, luego iberófono, si su papel no implica una mayor capacidad geopolítica. No decimos que pueda desarrollar el papel de Brasil o México, pero sí el de un actor importante que unifique y lidere en cuestiones centrales para nuestra civilización.
Cuando Román Hernández, mi apreciado camarada de Vanguardia Colombiana, me pidió un artículo en el que analizara, dicho de manera simple, si Colombia podría convertirse en la Prusia de la Iberofonía, me planteé el artículo de manera en que me pueda centrar en lo formal a nivel político, militar y geopolítico del país. No obstante, para cerrar este breve texto, toca ahora dar un breve repaso a lo material, que ha de partir, como siempre en el materialismo político, de la triple dialéctica de clases, de Estados y de Imperios. No pretendo, en absoluto, decirles a los camaradas de Vanguardia Colombiana lo que tienen que hacer. Quizás sí indicar qué lineas podrían seguirse en sentido genérico, ya que las específicas son cosa de Vanguardia Colombiana.
A nivel de dialéctica de clases, hay que decir que el país establece las estadísticas oficiales en seis estratos: 1) Bajo-Bajo, personas con enormes carencias económicas, normalmente beneficiarias de subsidios; 2) Bajo, personas que necesitan apoyo económico de subsidios pero que tienen sus necesidades básicas cubiertas, encontrándose aquí muchos trabajadores informales; 3) Medio-Bajo, es el sector más amplio de la población colombiana, donde se suelen encontrar los trabajadores por cuenta ajena de empresa privada y los autónomos, más algunos trabajadores para el Estado; 4) Medio, encontrándose aquí trabajadores que viven sin sobrecostos y sin subsidios, y pagan tarifa plena; 5) Medio-Alto, profesionales que contribuyen a subsidiar a los estratos más bajos y tienen viviendas de mayor calidad que el resto; y 6) Alto, personas que pagan sobrecostos en servicios públicos y tienen altos estándares de vida. Este sistema de estratos, nacido en 1985, se implantó para redistribuir la riqueza social, pero los estratos no son, en sentido estricto, clases sociales. Pues se basan en ingresos y no, como siempre ha defendido el marxismo, en base a la propiedad privada de medios de producción de la riqueza social. Además, la carga tarifaria en Colombia depende del lugar de residencia, cosa poco común en otras naciones, y ello influye en la estigmatización de los pobres. Sí es importante tener en cuenta los siguientes datos:
- Colombia tiene una de las mayores concentraciones de tierras en manos privadas del mundo. El 1% de las fincas más grandes concentra el 81% de la tierra, mientras que el 0,1% de precios supera las 2000 hectáreas. Hablamos de latifundios muy ligados a la ganadería extensiva, que ocupa 34,4 millones de hectáreas del país, y al poder político, según datos de Mongabay.Com.
- Los predios, desde 2017, han aumentado en más de 500 hectáreas del 29% en 1960 hasta el 66% en 2017.
- Solo 8,6 millones de hectáreas del territorio colombiano se dedican a la agricultura, lo cual resulta ineficiente para la producción y el consumo nacional, y también para la exportación.
- Muchos latifundios provienen de presiones políticas o despojo. Los grandes terratenientes colombianos influyen en los poderes económicos y políticos locales y nacionales, y tienen una relación muy estrecha con la gran burguesía nacional en sectores como las vías férreas, la minería y los hidrocarburos. Se trata de sectores de clase que se necesitan mutuamente entre sí.
- El gobierno de Gustavo Petro ha formalizado tierras para campesinos e “indígenas”, buscando de esta manera reducir la brecha histórica de la propiedad de la tierra. Pero es a todas luces insuficiente.
- Colombia tiene una fuerte petrolera estatal, Ecopetrol, que tiene más de cien billones de dólares estadounidenses en ingresos anuales, muy bien posicionada en hidrocarburos y en minería. Le siguen Reficar (refinamiento de petróleo), Terpel (principal distribuidora comercial de combustible), EPM (dedicada a los servicios públicos y energía), Koba Colombia (cadena de descuento en ventas), Éxito (comercio minorista), Claro (telecomunicaciones), Avianca Holdings (transporte aéreo) y Nutresa (alimentación). Los países con mayores inversiones en Colombia son EEUU, España, Francia y Chile, sobre todo en sectores energéticos, minerales, financieros y comerciales. Drummond, Carbones del Cerrejón, BBVA, Nestlé, Falabella y Coca-Cola lideran las inversiones de grandes empresas capitalistas foráneas en Colombia, nación iberófona con más de 1500 transnacionales instaladas solo en Bogotá, siendo el motor del empleo y de la exportación al exterior.
- La clase obrera colombiana está compuesta, mayormente, de un 60% de trabajadores informales y precarios, especialmente mujeres y afrodescendientes, que carecen de garantías para obtener pensión y de seguridad social. Aunque se ha mejorado el salario mínimo y se han restituido derechos laborales como el recargo nocturno, la informalidad es alta y la sindicación es muy baja, pues no llega al 4% de los asalariados. Además, los líderes sindicales y sociales del país siguen siendo presa de la represión y la persecución política. La estructura laboral y de clase en Colombia está marcada por la pobreza (relacionada con la informalidad) y la lentitud histórica de la mejora de sus condiciones.
Vanguardia Colombiana tiene el reto por delante de organizar a esa clase obrera y elevarla a la condición de clase nacional, para que se profundicen en las reformas iniciadas pero en un sentido revolucionario y soberano. Y tiene también el reto de reconfigurar la propiedad de la tierra, que influyé mucho en la pobreza del país y en el trabajo informal a gran escala. Las potencialidades para utilizar recursos del Estado son más que óptimas, pero desde un proyecto meramente socialdemócrata, o social-liberal como el Pacto Histórico, y sin reconfigurar las Fuerzas Armadas, será inviable.
A nivel de dialéctica de Estados, estos son los elementos, a mi juicio, a considerar:
- Colombia tiene una posición estratégica privilegiada. Es la única nación política de América del Sur con costa en dos océanos, el Atlántico (a través del Caribe) y el Pacífico, y es puente entre América del Sur y América Central (y, por tanto, lo es con América del Norte). Es también puente geográfico entre la cuenca del mar Caribe y la Amazonía, y entre estas y los Andes. Tiene una enorme biodiversidad, ingentes recursos naturales y es centro de paso, a su pesar, del comercio mundial de las drogas, algo que ha tratado de mitigar sin éxito con su alianza histórica con los EEUU. Es una nación vital para el comercio marítimo mundial. La cuenca del Caribe es fundamental para los intereses comerciales colombianos. Y la costa del Pacífico también, y más desde el auge económico chino.
- Es área directa de influencia estadounidense. La Gran Burguesía imperialista depredadora yanki sabe que una Colombia controlada por ellos jamás será el nexo de unión de toda Iberoamérica. Sin el control de Colombia, la Doctrina Monroe se desplomaría.
- Fuerzas paramilitares, el narcotráfico y la dificultad para controlar todo el territorio por parte del Estado limitan la capacidad de Colombia de ejercer su soberanía política y su independencia económica. La relación con Venezuela siempre es foco de tensión, a pesar de la cercanía de Petro al bolivarianismo y a pesar del secuestro de Maduro por parte de EEUU.
- Petro busca un giro de Colombia hacia un papel importante en la multipolaridad. Los acontecimientos recientes en Venezuela, Cuba e Irán, propios de esta Segunda Guerra Fría entre EEUU/OTAN y China/BRICS/Organización para la Cooperación de Shanghai, también dificultan a Colombia dicha inserción, porque de alguna manera está cercada geopolíticamente hablando a nivel suramericano.
- Colombia trata de afianzarse como potencia regional caribeña, al tiempo que trata de asegurar el control sobre sus recursos naturales.
En la situación en que ahora se encuentra, Colombia no puede liderar una reunificación de la Gran Colombia con Venezuela, Panamá y Ecuador. Su debilidad para convertirse en actor regional suramericano de mayor peso choca con su potencialidad. Vanguardia Colombiana tiene el enorme reto de liderar un proceso político revolucionario y socialista que asegure la soberanía política y la independencia económica del país al tiempo que la convierte en un vector de poder regional importante.
A nivel de dialéctica de Imperios, diríamos que, hoy día, Colombia está lejos de ser la Prusia de la Iberofonía. Prusia, en su día, pudo unir a todos los Estados de lengua germánica porque era el más extenso, poderoso militar e industrialmente y el más poblado. Colombia está lejos de eso si la comparamos con Brasil y con México. Pero podría ser el Reino del Piamonte y Cerdeña, Estado que unificó Italia no siendo ni el más extenso, ni el más poblado, ni el más rico. Entonces lo era el Reino de Nápoles y las dos Sicilias, pero la unificación italiana se hizo a costa de empobrecer el sur en beneficio del norte. La única posibilidad que podría tener Colombia de liderar la unificación sería a través de la reconstrucción de la Gran Colombia. Y cuidado, porque este camino que parece bolivariano iría, en realidad, en sentido contrario, porque sería para desandar el camino iniciado en el siglo XIX de balcanización y hacia una reunificación. Poco más podemos decir al respecto, por ahora. Pero si Colombia quiere convertirse en el gozne de la reunificación de la Civilización Iberófona, debe ser consciente de su situación y caminar hacia el futuro desandando lo hecho en el pasado. Y no para volver al pasado, sino para construir materialmente el futuro reconstruyendo sólo formalmente el pasado. Aquí reside la gran contradicción colombiana a resolver. Y este es el gran reto, a mi juicio, que debe asumir Vanguardia Colombiana.
