Introducción
Desde la perspectiva del Materialismo Político (MatPol), la historia humana se desarrolla en symploké, atravesada por conflictos por el poder, el control de los recursos y la organización del trabajo. Según Marx, toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad, es una historia de luchas de clases; una dinámica que atraviesa todas las sociedades desde la Antigüedad hasta el presente. 1 Pero la historia debe ser analizada de manera contextualizada, ya que cada época y cada suceso no puede estudiarse anacrónicamente, pretendiendo traer aquella realidad a las condiciones del presente.
En las sociedades antiguas, las divisiones de clase se daban entre amos y esclavos. El poder político se aplicaba al control de los cuerpos y del trabajo. El esclavismo fue la forma primaria de explotación del trabajo humano. Luego, (en El Imperio Español en particular) el poder político se concentraba en la nobleza y el clero, quienes controlaban la tierra y los medios de subsistencia. El surgimiento de las ciudades y de la clase mercantil transformó la estructura del poder, preparando el camino para el capitalismo. Este cambio reconfiguró las formas de poder y dio paso al Estado moderno, encargado de organizar la dominación de clases bajo nuevas condiciones. 2 3
En la modernidad capitalista, la lucha de clases se expresa en la dialéctica entre burguesía y los trabajadores. Las instituciones educativas, los medios de comunicación y la cultura, funcionan como herramientas o superestructura que reproducen la dominación de clases. 4
En la actualidad, la lucha de clases se ha diversificado. La historia, como afirmaba Marx, sigue siendo la historia de la lucha de clases, pero en configuraciones cada vez más complejas y mediadas por las nuevas formas del poder. En este marco, una de estas herramientas que ha perpetuado la precarización y explotación de los pueblos, es el indigenismo. Para poder comprender cómo han logrado usar el indigenismo como estrategia de subordinación a la clase hegemónica burguesa capitalista en Colombia, es preciso contextualizar la América precolombina y la conquista de América por los españoles. A continuación, se hará una corta recapitulación, de manera amplia, teniendo en cuenta que estos sucesos no son continuos y tienen muchos matices y que, como ya se planteó, la historia debe ser analizada en su contexto.
América prehispánica
Antes de la llegada de los españoles a América, ya existían relaciones de poder institucionalizadas, no simples comunidades igualitarias, como hoy en día quieren implantar las élites como realidad histórica. Los jefes controlaban los medios de producción que eran principalmente la tierra, el agua y el excedente agrícola y, mediante ideologías religiosas, legitimaban su autoridad, en este sentido las diferencias de acceso al trabajo y al producto colectivo, reproducían una estructura de dominación y se daban conflictos, luchas y guerras por los territorios y los recursos. Por tanto, antes de la conquista, en la región que luego llevaría el nombre de la Nueva Granada, existían sociedades estratificadas, con élites gobernantes, sectores sacerdotales y productores comunes. Estas jerarquías evidenciaban una lucha por el poder y la apropiación del excedente, que luego sería transformada por la conquista española. 5
La reconfiguración de América con la llegada de los españoles
La llegada de España a América representó un cambio de la lucha de clases a escala mundial. No fue solo un proceso de conquista militar, sino la instauración de un nuevo orden de poder, en el que se erigió una nueva dominación económica, política e ideológica. 6 7
Según el Archivo General de Indias, la conquista fue un largo proceso tanto de intercambio cultural (en el que la mayoría de españoles que viajaron a América, llegaron con el propósito de crear un arraigo, asentarse definitivamente, buscando una mejor calidad de vida, como también llevar la doctrina de la iglesia católica a los habitantes del nuevo mundo), pero también de explotación, basada en el trabajo, tanto voluntario como forzado, de indígenas, esclavos, negros, asiáticos, y los propios españoles. En este periodo hubo apropiación de grandes territorios por parte de españoles, llevada a cabo mediante diferentes medios, como por ejemplo y principalmente, acuerdos entre indígenas y españoles, matrimonios entre los caciques indígenas e hijas de los nobles y también, en otros casos, de manera forzada y violenta. La liberación o en ocasiones escape de los esclavos, permitió que se asentaran y formaran comunidades, que, con el tiempo, fueron logrando tratos con las autoridades virreinales para reconocerlos como autónomos y libres. Los indígenas siguieron conformando la mayoría de la población y en el transcurso del intercambio cultural, surgieron acuerdos y leyes que los acogían como ciudadanos y protegidos por la corona, siempre conservando su sistema de estratificación o división de clases, pero también se dieron abusos por parte de la población que no se adhería a las leyes dictadas por la corona, a quienes se les juzgaba y se le impartían los castigos que se tenían establecidos en estas leyes. 6 7
Con el fin de hacer crecer El Imperio Español en las Américas, la corona permitió y alentó el matrimonio entre los diferentes grupos étnicos, se crearon otras leyes y se modificaron las existentes para dotar de mayores beneficios a la población indígena y mestiza. A partir de allí la división de clases se siguió estratificando mucho más, según el origen étnico, si era descendiente legítimo de un matrimonio o ilegítimo fuera del matrimonio y si era miembro de alguna corporación productiva, de algún gremio o cofradía, etc. 8
En este contexto, las clases dominantes (nobleza, clero y funcionarios) consolidaron su poder mediante la legalidad imperial y la imposición del cristianismo como ideología legitimadora o “teología política”. De aquí nace la dinámica de lucha de clases transnacional, donde el poder español se impuso como forma material de dominación universalista. Así, la conquista de América instituyó una estructura política de dependencia y explotación, utilizando los recursos de manera tan estratégica y comunal, que permitió un extraordinario desarrollo, el mayor que pudo darse en esta época alrededor del planeta, en el que se llegaron a construir ciudades con universidades, puentes, alcantarillados, acueductos, etc., y se dio un gran adelanto en cuestiones militares, científicas, institucionales y en tecnologías de navegación y transporte. 7
Durante este gran desarrollo en las Américas Españolas, la doctrina cristiana jugó un papel protagónico, pues La Iglesia Católica utilizó la conquista como medio para evangelizar a los pueblos indígenas, promovía la idea de dignidad y justicia para todos, por lo que existía una base teórica para reconocer derechos a los indígenas (que luego se extendió también a los esclavos) como sujetos humanos racionales.
Entre las diferentes leyes que instauraron las ordenanzas para regular el trato a los indígenas, estableciendo principios como la prohibición de la esclavitud absoluta y el reconocimiento de su humanidad, se destacan Las Leyes de Burgos de 1512. Aunque su aplicación fue irregular y no eliminó la explotación, desde su contexto histórico, sentaron las bases para la protección de sus derechos, regulando el trabajo, la evangelización y la organización en poblados. Algunos de sus puntos principales fueron:
- Reconocimiento a los indígenas como vasallos libres de la Corona, con derechos como la propiedad y la libertad personal.
- Tiempo de trabajo pesado de 5 meses, seguidos de 40 días de descanso.
- Días de descanso obligatorio, como los domingos y otras fiestas religiosas.
- Se prohibió obligar a trabajar a mujeres embarazadas o a niños menores de 14 años, aunque se les permitía realizar tareas acordes a su edad.
- Salario justo por su trabajo.
- Prohibieron los abusos y los malos tratos, como los golpes y los insultos.
- Obligaron a edificar iglesias y proporcionaron sacerdotes en los poblados para la cristianización, y educaron en la escritura y lectura a los nativos.
- Los indígenas fueron establecidos en pueblos cercanos a los españoles para facilitar su instrucción religiosa.
- Se limitó el número de indígenas que un encomendero podía poseer (entre 40 y 150).
- Se prohibió usar a los indígenas en negocios privados.
- Reconocieron a los indígenas como seres humanos, una idea avanzada para la época.
- Prohibieron la esclavitud absoluta, aunque la explotación laboral continuó de diversas formas.
Estas leyes fueron promulgadas por el rey Fernando el Católico en respuesta a las denuncias y a la necesidad de establecer un marco legal para la conquista. 9
La conquista española, estuvo basada en acuerdos, mestizaje y creación de leyes para evitar el caos, disminuir y controlar la violencia y evitar la acumulación privada, a diferencia del imperio anglosajón, que sometieron a los indígenas a la expropiación de tierras, la expansión territorial violenta y la imposición de sistemas económicos y sociales que exterminaron a las poblaciones originarias; la colonización por parte del imperio anglosajón no se interpreta como una mera expansión cultural o civilizatoria, como sí lo fue La Monarquía Católica que buscó mantener una unidad imperial; el imperio anglosajón implantó sistemas jurídicos y políticos basados en el individualismo y la soberanía abstracta, se convirtió en el brazo armado y económico del capitalismo mundial, desplazando progresivamente a los imperios ibéricos, no fue un “proyecto civilizatorio”, sino una estrategia de acumulación originaria, que permitió la concentración de capital en Inglaterra y, más tarde, en Estados Unidos. Su colonización se basó en fragmentar, dividir y subsumir poblaciones y territorios en función de la acumulación. Frente a la unidad imperial hispánica, el modelo anglosajón representa la disgregación política como condición de hegemonía económica. 7 10 11
Analizando el trasfondo desde una perspectiva materialista, la implementación de las leyes impuestas por La Monarquía Católica, evitó el caos social y la desestabilización del sistema, en este sentido la mejora de las condiciones indígenas tenía una función instrumental: disminuir la violencia y el descontento social para garantizar la continuidad del dominio. El catolicismo legitimaba esta mejora como una obligación moral, fortaleciendo la autoridad religiosa y política, mientras que se mantenían las bases de la dominación. Así pues, este funcionó como mecanismo para minimizar conflictos y estabilizar la estructura de poder imperante, beneficiando a la clase dominante, pero manteniendo condiciones dignas para la clase dominada, integrando poblaciones diversas bajo un marco universalista, desarrollando una unidad política imperial y controlando las tensiones internas.
La República
En Las Américas Españolas se dio un proceso diferente respecto al desarrollo de los modos de producción, no existía el feudalismo, por tanto no se pasó de dicho modo de producción al capitalismo anglosajón, ya que no había señores autónomos, ni existía la burguesía independiente con poder político, la corona controlaba el comercio, limitando la acumulación del capital privado, la extracción de metales preciosos no generó un capitalismo interno en América, sino que alimentó el sistema monetario europeo y permitió a España sostener su hegemonía política y militar en el siglo XVI, esto creó una dinámica protocapitalista, lo que fue aprovechado por las potencias rivales, para beneficiarse del flujo de metales y el contrabando, situación que llevó a la monarquía a una incapacidad de sostener su sistema regulado frente a la presión de la expansión de la hegemonía anglosajona. Por esta razón, se dió paso del mercado primitivo entre comunidades indígenas a un capitalismo incipiente. 12
En esta parte de la historia de la lucha de clases en Las Américas Españolas, se dieron una serie de sucesos liderados por diferentes personajes, influenciados por el liberalismo anglosajón, que quisieron superar la subordinación por parte de la corona y de esta manera surgieron las ideas de independencia, que fueron aprovechadas por ese liberalismo protestante, implantando el derecho de autodeterminación, que según el filósofo materialista Gustavo Bueno, son posiciones metafísicas que sugieren a un individuo libre, autónomo e independiente de la realidad en que se desarrolla y con la que interactúa, sustrayendo a los sujetos de sus condiciones materiales, sociales, políticas e históricas concretas; 13 de este modo, las independencias hispanoamericanas no deben interpretarse como una emancipación plena, sino como una reconfiguración de la dependencia bajo nuevas formas ideológicas y económicas, donde las élites criollas asumieron el poder político pero dentro de un marco ya condicionado por la hegemonía anglosajona y protestante. Desde el MatPol, lo que se observa es un tránsito de la soberanía imperial católica, que articulaba a los pueblos en una unidad política común, hacia una fragmentación nacional que debilitó la capacidad de los países hispanos para sostener un proyecto universalista propio. 12 13
En la época republicana, la aristocracia (formada por los grandes latifundistas, en su mayoría criollos, políticos influyentes y herederos), que pretendía convertirse en la burguesía, utilizó las condiciones de estratificación social a su favor para desplazar de sus tierras tanto a los indios como también al resto de la población que no hacía parte de esta y obligarlos a pagar terraje o terrazgo, lo que impedía casi por completo el desarrollo de una vida digna, ya que sólo tenían tiempo para trabajar la tierra y lograr subsistir. Estos aristócratas impedían, mediante artimañas, la compra de estas tierras por parte de quienes no pertenecían a su misma clase; esta situación llevó a la precariedad, y la falta de educación, que perpetuaban estas condiciones, pues no tenían conocimientos para poder defenderse de las leyes que recientemente se habían creado con el surgimiento de las repúblicas y que favorecían principalmente a la clase dominante. 14
Surgimiento y consolidación del indigenismo
Con las ideas de autodeterminación ya implantadas, las élites desviaron la atención de las luchas conjuntas contra la subordinación y se fueron creando pequeños grupos identitarios, que dividieron y continúan dividiendo cada vez más a las comunidades, evitando así la consolidación de las clases oprimidas. A grandes rasgos, a la fecha se pueden contar muchas divisiones de la clase trabajadora en: grupos étnicos indígenas, afrodescendientes y comunidades afro, tribus urbanas o subculturas, grupos raciales diferenciados en función de la raza o color de piel, grupos religiosos o confesionales, identidades de género y orientaciones sexuales diversas, grupos por nacionalidad o región, grupos generacionales, comunidades lingüísticas, grupos sociales y de clase basados en condiciones socioeconómicas.
En este hilo histórico surgieron figuras protagonistas de la consolidación del indigenismo, una de ellas fue Manuel Quintín Lame, Indio, nacido en 1883, en Nasa, Cauca, que sufrió el desplazamiento forzado y fue sometido al terrazgo, pero que luchó por obtener igualdad de condiciones; pese a sus dificultades y sus problemas personales, aprovechó su reclutamiento en el ejército para semi alfabetizarse y obtener conocimientos en derecho, situación que actuó tanto en beneficio de los pueblos indios como en contra, ya que fue perseguido junto con quienes se adhirieron a su lucha, resultando en diferentes y reiteradas formas de violencia. A pesar de haber adquirido pocos conocimientos en derecho, Quintín era idealista y no tenía bases filosóficas fuertes, ni una metodología sistemática, promovía una especie de racismo y superioridad de los conocimientos ancestrales y los pueblos pre colombinos, basaba sus ideas en relatos míticos, no tenía conocimientos claros de la realidad, no conocía a profundidad ninguna ciencia, historia, filosofía, ni política, se dejaba llevar solamente por sus experiencias para plantear estrategias, así que sus ideales no lograron alcanzar una verdadera revolución que cambiara radicalmente estas condiciones y por el contrario, fueron aprovechadas por las burguesías como una base para crear instrumentos de subordinación enmascarada en luchas identitarias y como estrategias para causar divisiones entre las clases oprimidas. Luego de su muerte pasó un tiempo hasta que algunos historiadores comenzaron a investigar su vida y sus pensamientos. 13 14 15
Entre los primeros grupos que usaron sus ideas como bases para la creación de políticas públicas y reformas que mejoraran las condiciones de los indios, fueron los miembros del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), quienes lo colocaron como una figura icónica usando solamente una pequeña parte de sus pensamientos, convenientes para su movimiento.
A partir de este momento comenzó el surgimiento y fortalecimiento del indigenismo en Colombia, el cual hace parte de las luchas segregadoras de los grupos étnicos indígenas, promovido principalmente por historiadores, antropólogos, artistas y literarios; 16 entre los más destacados se pueden mencionar a Gregorio Hernández de Alba (Bogotá, 1904 – 1973), etnólogo precursor de la antropología y la arqueología en Colombia, influenciado por la ideología dominante de quienes financiaban sus proyectos y por la modernidad liberal que había tomado poder, razón por la cual solo aportó recursos descriptivos, que privilegiaban el estudio de la lengua, la tradición, la cosmovisión y la organización social desde un punto de vista culturalista, sin abarcar análisis críticos de las condiciones estructurales de la vida indígena. Así, sus estudios son insuficientes para entender el lugar de los pueblos indígenas dentro de la lucha de clases y el conflicto político en Colombia. 17 18
También tuvo principal participación en el fortalecimiento Antonio García Nossa (Bogotá 1912-1982) economista, historiador, sociólogo, escritor y político, que, junto con Gregorio Hernández de Alba, fundaron el Instituto Indigenista de Colombia (IIC) en 1942 en la ciudad de Bogotá. Por otra parte, Hernández de Alba, junto con el antropólogo francés Paul Rivet, (quien postuló la Teoría Oceánica que, mediante evidencias antropológicas, culturales y lingüísticas, prueba que América fue poblada por múltiples migraciones, no sólo por el estrecho de Bering, sino también por el pacífico 19 fundaron el Instituto Etnológico Nacional (IEN), el 2 de julio de 1941. 17 18
Se destacan otros personajes influenciados por diferentes ideologías como la anglosajona, alemana, francesa, estadounidense y por el indigenismo mexicano, como por ejemplo Luis Duque Gómez, Marcos Fidel Barragán y Ernesto Guhl; estos académicos documentaron lenguas, costumbres y estructuras sociales, que, analizados desde el materialismo político, tienen una base culturalista y evitan confrontar todas las dimensiones que conforman las estructuras segregadoras de clases. 18
Sobresalen también otros trabajos arqueológicos, lingüísticos, artísticos y etnográficos de personajes como Alicia Dussán de Reichel, Virginia Gutiérrez de Pineda, Edith Jiménez de Muñoz, Blanca Ochoa de Milcíades Chaves, Gerardo Reichel-Dolmatoff, Eliécer Silva Celis, Gerardo Cabrera Moreno, Hernán Iglesias, Juan Friede Alter, César Uribe Piedrahita, Diego Castrillón Arboleda, Guillermo Hernández Rodríguez, Gabriel Giraldo Jaramillo Josefina Albarracín, José Domingo Rodríguez José Ramón Montejo, Carlos Reyes Gutiérrez, Gomer J. Medina, Pedro Nel Gómez, Ignacio Jaramillo, Jorge Elías Triana, Alipio Jaramillo e Ignacio Torres Giraldo con su idea metafísica de autodeterminación. Todas estas figuras consolidaron el indigenismo, principalmente, mediante la recuperación y la difusión del multiculturalismo precolombino, la lucha por apropiación de los territorios que fueron despojados por los latifundistas y la creación de políticas identitarias promovidas por los gobiernos de turno. 17 20
Hacia 1920 y afianzándose entre 1960 y 1980, se da un auge del surgimiento de movimientos marxistas de la época, que influyeron en el indigenismo, vinculando sus luchas a la opresión de clases y desafiando el multiculturalismo liberal, que reconoce identidades, sin transformar las estructuras de poder. En este surgimiento se destaca José Carlos Mariátegui La Chira (Moquegua, 14 de junio de 1894-Lima, 16 de abril de 1930) escritor, periodista, político y filósofo marxista, quien aportó una lectura revolucionaria del indigenismo y que, en Colombia, sirvió como base para movimientos que no solo exigían reconocimiento, sino transformación radical de las condiciones materiales de vida.
Para Mariátegui el marxismo en América debía estar orientado a una insubordinación autóctona, no alineada con el marxismo ortodoxo, una revolución basada en las características comunales, en la cooperación y cosmovisión de los pueblos. 21
En esta época las guerrillas entran a jugar un papel preponderante en la construcción de un indigenismo basado en la lucha de clases, influyeron en estos movimientos al articular inicialmente sus luchas con demandas estructurales de tierra y justicia social, ofrecieron un marco de lucha estructural, donde los pueblos indígenas eran vistos como campesinos explotados que debían unirse a la lucha de clases. Las guerrillas como las FARC y el ELN se vincularon con comunidades indígenas en regiones rurales, compartiendo la lucha contra el latifundio y el abandono estatal. El movimiento en este período se entendía como parte de una lucha estructural por la tierra y la transformación social, sin embargo; la presencia guerrillera en territorios indígenas generó tensiones, por un lado, fortaleció la organización comunitaria; pero por otro, expuso a las comunidades a violencia estatal y paramilitar. La represión estatal y la cooptación institucional llevaron a que los movimientos indigenistas se distanciaran de las guerrillas y adoptaran un discurso más identitario, centrado en la defensa cultural y simbólica. Aunque se lograron avances en derechos culturales y territoriales, se debilitó la articulación con otros sectores de la clase trabajadora, con el tiempo y bajo la presión del Estado y el multiculturalismo liberal, muchas de esas luchas se desplazaron hacia el terreno identitario, debilitando la unidad de clase y fragmentando nuevamente la movilización popular. 22
A partir de la Constitución de 1991, con la participación de intelectuales, reformistas y sectores progresistas, en la que el Movimiento M-19 jugó un papel protagónico, el Estado reconoció derechos culturales y territoriales a los pueblos indígenas. Este giro institucional transformó nuevamente las luchas indígenas en demandas identitarias, centradas en autonomía cultural y representación política, más que en la cohesión de la clase trabajadora y la reconfiguración del poder, dando pie a organismos estatales, investigaciones académicas y políticas públicas dirigidas a la inclusión, la mayoría financiadas por élites burguesas con ejemplos como: La Iniciativa para los Derechos y los Recursos (RRI), 23 creada y financiada por dirigentes de Forest Trends; 24 Comisión Nacional de Territorios Indígenas (CNTI) 25 en la que confluyen varias asociaciones y movimientos, que entre otras, obtienen financiación de Tenure Facility; 26 Organización Nacional Indígena de Colombia (AICO) 27 que recibe una parte de apoyo económico de DEG (Deutsche Investitions- und Entwicklungsgesellschaft mbH); 28 Organización nacional de los Pueblos Indígenas de la Amazonía (OPIAC) 29 que recibe donaciones de Rainforest Foundation; 30 Organización Nacional de Indígenas de Colombia (ONIC) 31 financiada por Human Rights Watch, 32 Ford Fundation 33 y Open Society Fundation. 34 Todas estas organizaciones están alineadas con la agenda 2030, que, como explica Santiago Armesilla en su miniserie documental sobre qué es la Agenda 2030, promueve objetivos que intensifican y perpetúan la pobreza y que han producido efectos contradictorios sobre la lucha de los trabajadores contra la opresión y se han usado como instrumento político, sirviendo a las élites para privatizar los recursos naturales, creando luchas minoritarias camufladas, para apaciguar a la clase trabajadora, sin que desaparezcan las prácticas de explotación y racismo estructural.



Crítica desde el MatPol
Los pueblos indígenas han sido parte constitutiva de la clase trabajadora colombiana, compartiendo la condición de trabajadores industriales o fabriles, campesinos proletarizados, jornaleros, peones, trabajadores rurales y urbanos, personas marginadas, desempleadas o en trabajos informales y precarios y migrantes laborales; la emergencia de identidades étnicas no debe producir fracturas de la clase trabajadora, sino que debe darse una organización conjunta para la resistencia.
Analizando este panorama desde la crítica que hace Santiago Armesilla al principio de autodeterminación, se puede concluir que el indigenismo actual en Colombia, como también a nivel mundial, induce a la desintegración de la unidad de la nación, ya que debilita la cohesión de la clase trabajadora, reduciendo la capacidad de acción conjunta; las luchas individuales de los grupos indígenas, generan fragmentación del territorio y autonomía política, que dificultan la construcción de una base unificada y organizada para avanzar en la revolución de los trabajadores, debilitando la integración territorial y social necesaria para una lucha común de clases, dando oportunidad a las élites de usar estas divisiones para perpetuar la subordinación. 12
En Colombia se han instaurado acciones que otorgan autoridad ambiental y normativa territorial a las comunidades indígenas, entre ellas el Decreto 1275 de 2024, que regula el funcionamiento ambiental de los territorios indígenas, reconociendo las competencias de sus autoridades en conservación, ordenamiento territorial y manejo de recursos naturales, y establece mecanismos de coordinación con el Estado dentro del Sistema Nacional Ambiental (SINA). 35
Aunque el decreto reconoce competencias ambientales a las autoridades indígenas, lo hace dentro de un marco estatal que mantiene el control último sobre los recursos naturales.
Desde el MatPol, esto se interpreta como una estrategia de gestión del conflicto territorial, donde el Estado Burgués concede autonomía parcial para evitar confrontaciones abiertas, sin alterar las estructuras de propiedad y acumulación. Al otorgar reconocimiento diferenciado a los pueblos indígenas, se refuerza la división entre luchas campesinas, obreras e indígenas, generando fragmentación que debilita la posibilidad de una unidad de clase contra el modelo extractivista y capitalista. Se presenta una cooptación identitaria, donde se reconoce la diferencia cultural para neutralizar la radicalidad política; así, la lucha por la tierra y los recursos se desplaza hacia el terreno simbólico de la “autonomía ambiental”, sin transformar las condiciones de explotación; de esta forma el reconocimiento ambiental indígena puede ser usado por las élites para legitimar proyectos extractivos mediante mecanismos como la consulta previa, una forma de incorporar la resistencia indígena al circuito de acumulación, transformando la autonomía en un recurso negociable.
El presidente Gustavo Petro planteó una serie de reformas que promueven el indigenismo, en las que pretende la entrega y formalización de tierras a comunidades indígenas y afrodescendientes, promoción de lenguas, autonomías territoriales y participación diferenciada en el sistema político. Petro las enmarca como parte de una “reparación histórica” frente al despojo colonial y republicano, fomentando la división y la leyenda negra antiespañola y exaltando la “obra de los libertadores”, poniendo a Simón Bolívar como figura heroica, omitiendo la realidad histórica en la que sucedió la fragmentación del imperio, que en lugar de fortalecer a la región y obtener una emancipación real, la dejó dividida en repúblicas débiles y dependientes del mercado mundial y sometidas al imperio depredador.
Aunque Petro con estas reformas comenzó a fomentar conciencia y organización popular, son sólo “paliativos ideológicos” que alivian desigualdades, tal como afirman Rosa Luxemburgo y Santiago Armesilla, 12 36 pero que no constituyen una revolución, sólo refuerzan identidades parciales, sin superar las divisiones para enfrentar al liberalismo capitalista y son absorbidas por el sistema como reconocimiento simbólico, sin alterar las estructuras de poder. En concordancia con Rosa Luxemburgo, el liberalismo capitalista, por muchas reformas que se aprueben, como las que se han implementado desde la instauración de la democracia fundamentalista liberal burguesa y como las planteadas por Petro, sigue siendo extractivista y acumulador, siempre llegará a crisis que pretenden superar por medio de la banca, que cada vez se harán más frecuentes, pues es un sistema que no permite ninguna planeación, no beneficia en nada a los trabajadores, tiende a acrecentar la pobreza y lleva cada vez más a la competencia entre estos por vender su fuerza de trabajo al mejor postor y si no logra venderla, no tiene posibilidad alguna de subsistir, como lo explicó Marx en su análisis sobre el trabajo asalariado y el capital; por lo tanto el indigenismo, así como cualquier otro grupo activista que se separe de la fuerza de lucha común de los trabajadores por lograr la insubordinación, solo servirá para aplacar a las masas y seguir llenando las arcas de las élites burguesas. 36 37
Desde la óptica de Santiago Armesilla la lucha de los indígenas tendría que integrarse a la de los trabajadores, garantizando condiciones materiales óptimas para la subsistencia y el desarrollo de una vida digna al conjunto de la sociedad, sin fragmentación de identidades, impulsando cooperativas y proyectos productivos donde todos compartan beneficios, evitando que la lucha se reduzca a un discurso de “reparación simbólica” o “autodeterminación abstracta” y en su lugar, plantear la unidad política nacional como condición para enfrentar a la burguesía y al capital transnacional. La integración de todos los sujetos que habitan el territorio colombiano y en general a Hispanoamérica, tiene que dejar la fragmentación identitaria y construir un bloque histórico común. La lucha indígena se tiene que convertir en parte de la lucha de clases, no en un proyecto separado, de esta forma, la burguesía no podrá dividir al pueblo en “indígenas vs. mestizos vs. obreros urbanos”, sino que enfrentará un sujeto político unificado, la clase trabajadora.
El indigenismo, en tanto ideología metafísica, constituye una superestructura fragmentaria que disocia a los pueblos de la “co-determinación” histórica en la que se han configurado las sociedades iberoamericanas. Bajo la apariencia de reivindicación cultural, se oculta una estrategia de neutralización que perpetúa la subsunción real de las comunidades indígenas al capital transnacional, al tiempo que erosiona la posibilidad de un proyecto político común. 12
Solo mediante la unidad política nacional-popular, fundada en la praxis materialista, se podrá confrontar a la burguesía y desactivar las dinámicas de fragmentación que el sistema fomenta para perpetuar su hegemonía. 12
Es imperante proclamar, entonces, que la tarea es transformar la pluralidad en fuerza común, la memoria en praxis revolucionaria, y la identidad en unidad política. Frente al capitalismo liberal, depredador, acumulador, extractivista, explotador y sus élites locales, la respuesta no es el indigenismo, sino la integración de todos los explotados en un mismo proyecto emancipador. 12
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