Etiqueta: Symploké

  • Ontología del Materialismo Político

    Ontología del Materialismo Político

    ¿Qué es la ontología?

    Gustavo Bueno define la ontología 1 como un término que se utiliza para designar a las cuestiones referentes al “ser” (o al “ente”). Cuestiones referentes a lo que se conoce como sus modos, su constitución como atributos trascendentales, sus todos y sus partes, etc. Para Bueno el término ontología se opone a la fenomenología y a la ciencia categorial. Y solamente mediante la oposición respecto a estos términos podemos delimitar el alcance de la ontología o su objeto de estudio.

    Recurriendo al filósofo argentino Adolfo Carpio podemos decir que: La Ontología es la disciplina que estudia a los entes, es decir a “lo que es”, a lo que existe y lo que hace que los entes sean: el Ser.

    Es importante aquí hacer una distinción entre “metafísica” y “ontología”, pues es común que se entiendan estos dos términos como si fueran una misma cosa: el estudio del ser y sus determinaciones, pero nuestra filosofía es radicalmente materialista, es decir, hiperrealista, y no puede llamar al conocimiento del Ser como “metafísica” por sus componentes espiritualistas e idealistas.

    Definimos metafísica como la sustancialización de algo que no es sustancia. ¿Y qué es sustancia? Lo que se puede operar. ¿Y qué entendemos por “operar”?No se trata de ver y medir (que es el criterio positivista, empirista), siguiendo a Gustavo Bueno, partimos del criterio operacionalista: no se trata de solo ver o tocar (porque existen cosas que no son tangibles-físicas pero son operables como las ideas, las matemáticas, los algoritmos, la distancia entre dos puntos, etc.) hay que poder operar con ello, y la operación más básica que se puede hacer es “juntar” y “separar”.

    No podemos hablar con dios, estudiar a dios, operar con dios, conocer a dios, porque no existe (es una idea metafísica), pero sí podemos estudiar la idea de dios, operar con la idea de dios (porque las ideas sí son materiales) y operar con la relación del ser humano con la idea (mejor dicho, las ideas) de dios, al igual que podemos operar con los números, aunque estos no sean realidades físicas-corporales. Algo se rechaza como sustancia porque la sustancia no puede no ser operable.

    Así, nuestra ontología es materialista: Ontología es el sustantivo y materialista el adjetivo. No podemos usar la noción de metafísica porque por mucho que se adjetive como materialista, las determinaciones de lo que existe (del Ser) no pueden ser determinadas por una disciplina especulativa que presupone que existen realidades “más allá de lo físico” desconectadas del mundo real, que es lo que la metafísica hace, sin que esto signifique que nuestro materialismo sea vulgar o grosero, en el sentido de que afirmemos que sólo existe lo físico-tangible-corpóreo, sino que negamos que exista una realidad metafísica (inmaterial) o un “mundo de las ideas” (o espiritual) sobre el cual no se pueda operar de alguna manera con el mundo físico corpóreo.

    Fundamentos ontológicos del Materialismo Político

    Como expresamos en el artículo anterior, en los fundamentos del materialismo político no tenemos ninguna “verdad” revelada o suprema a la que nos atenemos o en la que nos basamos, por tanto, en la base del sistema del materialismo político, es decir en la piedra angular del mismo no hay ninguna idea “sublime” que lo sostenga, no hay ninguna idea “Superior”. Esto significa que no está la“IDEA” en mayúscula en el sentido del idealismo (platónico), ni el espíritu absoluto” (de Hegel), ni tenemos como fundamento la “revelación divina” de las religiones, ni la idea de “dios”, ni la idea de “justicia”, ni la palabra de Marx, ni la de Bueno, ni de ningún sabio, ni ídolo; lo único que está en la base del sistema es la dialéctica, por eso se tienen que tener en cuenta todas las diferentes tesis que van saliendo constantemente y optar por la más potente, la más racional o por la que menos contradicciones tenga. Por consiguiente, decantarse por la proposición más potente de la realidad, no por la más bonita ni la que nos parezca más simpática o más justa sino por aquella que mejor explique los fenómenos de nuestra realidad en marcha.

    Existen una serie de principios lógicos a los que nos acogemos, denominados principios ontológicos, que son los siguientes: 2

    1. El principio de Identidad: Todo ente es idéntico a sí mismo. (A es A)
    2. El principio de (no) contradicción: Ningún ente puede ser y no ser el mismo al mismo tiempo. (A es A y no puede dejar de ser A)
    3. El principio del tercero excluido: Todo ente tiene que ser idéntico a sí mismo y no puede ser otro al mismo tiempo. (A es A y no puede ser B)
    4. El principio de Razón suficiente o Fundamento: Todo tiene su razón de ser.

    La concepción materialista de la vida política conlleva, además de una reclasificación y redefinición crítica de la ontología materialista, el establecimiento de un marco ontológico nuevo en el que se incluya la redefinición crítica de dicha ontología y que permita, a su vez, una reclasificación de las categorías de la Economía Política, de la politología y de la sociología marxistas, de manera particular, y de cada una de las disciplinas del conocimiento en general. Se trataría de una nueva ontología que ayude a reconstruir las referencias individuales, políticas, de cada sujeto, dadas ya por la propia práctica política, social, científica, y en cuyo suelo se conforma la concepción materialista de la vida política. Una ontología filosófica que, no obstante, reconoce en el diamat soviético, como parte del marxismo-leninismo, el primer intento serio de concepción materialista de la vida política verdaderamente implantada en sentido político fuerte, a escala imperial, y con pretensiones universales y universalistas. El diamat consiguió todo ello, pero también su evolución provocó su derrumbe, debido en buena medida a sus propias limitaciones, sobre todo a su tendencia al monismo metafísico, que consideraba la realidad como un proceso progresivo ascendente que culminaría en la aparición del hombre nuevo y de la verdadera Historia de la humanidad, una vez que la Humanidad, fuese conformada como totalidad atributiva unificada, por lo que la Humanidad sería, por fin, una entidad política única que comenzaría a tener Historia. Sin embargo, esta idea no corresponde en realidad a la idea plasmada por Marx en su introducción a su Contribución a la Crítica de la Economía Política (Marx, [1859] 2004: XXXI-XXXII)4, pues la sociedad histórica humana en Marx no es una sociedad política universal en sentido atributivo. Esta crítica al diamat no niega sus valiosos aportes a la filosofía materialista. Además, su tendencia al monismo metafísico fue compensada, entre otros, por el propio Lenin, con su idea de la “inagotabilidad de la materia en profundidad” (Bueno, 1972b: 11, nota 1), que ya supone un pluralismo ontológico materialista. Frente al diamat, Bueno ofrece una ontología materialista construida geométricamente, por medio del análisis regresivo de las conciencias científicas, políticas y mundanas del aquí y ahora, dadas como hechos históricos y en continua reformulación, y en las que se realiza la idea de materia como idea objetiva de diversas maneras, hacia los componentes trascendentales de todas estas conciencias de primer grado. 3

    S. Armesilla

    Entonces, cuando nos referimos a la Ontología, nos referimos a estudiar “lo que es”, todo lo que existe, es decir, a la realidad, su desarrollo y su fundamento.

    ¿Pero cuando decimos “a lo que existe” a qué nos referimos?

    Nos referimos a todas las cosas que existen, tengan cuerpos o no tengan cuerpos, es decir, a las cosas físicas como una silla, un árbol, una casa; como así también a las cosas que no tienen masa/cuerpo/fisicalidad pero que también existen como la distancia entre dos puntos, los sentimientos de amor, de tristeza, de alegría y los sueños que son de la dimensión psicológica; como así también las ideas, los números, los teoremas, las figuras geométricas, los ángulos, que ya son de una dimensión lógico-abstracta.

    Nuestra ontología, por tanto, es pluralista, discontinuista (y dialéctica), nociones tomadas de Platón, sin las cuales sería imposible entender ningún fenómeno de la realidad, pues todos los fenómenos de la realidad están entretejidos y codeterminados en Symploké.

    ¿Pero qué significa “Symploké”?

    Symploké

    El Symploké es un principio formulado por Platón que expresa que algunas cosas están conectadas con unas cosas pero desconectadas de otras cosas.

    En palabras de Gustavo Bueno: 4

    “Symploké” es una expresión, una palabra griega, con otras similares, como por ejemplo “oplokós” que significa “trenza”, “ensortijamiento de cabellos”. Y “symploké” es una palabra común griega, que significa eso, parece, “entretejimiento”, “composición”; incluso, por ejemplo, a veces el entretejimiento de dos grupos que luchan con espadas, que “entretejen espadas”. Es decir, es una palabra común griega –quiero decir– y que Platón la utiliza también muchas veces en sentido común griego, sin ser una palabra técnica diríamos suya; ni tampoco lo fue nunca en Platón, esto es muy importante también saberlo. Por ejemplo cuando dice Platón, me parece que en El Político habla de la composición de las sílabas se subraya la idea de composición.

    De manera que entonces la idea de symploké en Platón, en principio es una idea común griega que Platón la utiliza algunas veces y que hace ya cuarenta años me parece en “El papel de la filosofía” nosotros la utilizamos para darle un sentido técnico fundado también en un uso de Platón, un uso que hace Platón en El Sofista, desde luego. Pero que Platón utiliza este término sin darle una relevancia de sentido técnico, pero que sin embargo se puede reinterpretar como siendo fundamental el sentido que el materialismo le dio.

    Como “pensar siempre es pensar contra algo”, 5 Platón construye esta idea (El Sofista, 251e-253e) oponiéndose a los monistas que afirmaban que todo está conectado con todo (Tales de Mileto, Anaxímenes, etc.), como a los escépticos atomistas (pluralismo radical) que afirmaban que nada está conectado con nada (Protágoras, Gorgias, etc.), pues decía Platón que si “todo estuviera conectado con todo” sería imposible pensar porque el reposo y el movimiento serían la misma cosa y si “nada estuviera conectado con nada también sería imposible pensar porque no se podría pasar del reposo al movimiento ni del movimiento al reposo.

    Estas nociones las podemos ver confirmadas casi dos mil años después con la primera ley de Newton: “Todo cuerpo en movimiento permanecerá en movimiento y todo cuerpo en reposo permanecerá en reposo hasta que una fuerza externa actúe sobre él”, esta ley nos indica que para pasar del movimiento al reposo o del reposo al movimiento se requiere de un “momento de conexión” y un “momento de desconexión” entre dos fuerzas externas.

    Por tanto, como para el polimat, la materia no consiste sólo en los objetos físicos-corpóreos, como ya hemos dicho, no es un materialismo grosero o vulgar, pues lo característico de la materia no es la corporeidad sino la pluralidad: la materia es una pluralidad de elementos o contenidos entretejidos discontinuamente, unas cosas conectadas con unas cosas pero separadas de otras cosas (Symploké), cuyo despliegue desemboca en la pluralidad con la que se nos presenta el mundo.

    Insistimos, es imposible entender el mundo y cualquier fenómeno de la realidad sin entender y asimilar la idea de Symploké.

    El polimat, heredándolo del filomat, niega, por tanto, todo reduccionismo del tipo “todo procede del agua”, “todo procede de la acción creadora de dios”, “todo procede de los quarks”, “todo está conectado con todo”, “nada está conectado con nada”, “ni una hoja de un árbol se cae sin que dios lo permita”, etc.

    Nuestro materialismo afirma que el Cosmos (C) en su totalidad ha sido, es y será material. Pero que en dicho Cosmos no solo existe la materia corpórea, es decir, no se reduce a mero “corporeísmo fisicalista”. O sea, no solo existe un género de materialidad sino múltiples géneros o dimensiones.

    Dimensiones de materialidad

    Hoy por hoy no tiene nada de raro afirmar que la materia (como idea filosófica, no así como concepto categorial de disciplinas como la Física) también puede ser incorpórea, así, ondas, radiaciones, fuerzas, campos, distancias, ángulos, energía, sueños, sentimientos… son tan materiales como los cuerpos que los generan, porque requieren de un cuerpo físico para existir y porque no son fenómenos espirituales, por eso afirmamos que son materiales; pero el materialismo filosófico va un poco más lejos y clasifica las materialidades del mundo (Mi) en tres géneros o dimensiones: M1, M2 y M3, que en el materialismo político Armesilla recategoriza de la siguiente manera: 2

    1) DU1 = Dimensión Ontológico-Material Física-Corpórea: Sería “todo lo que está fuera de la conciencia”, los fenómenos del mundo físico, corpóreo. ej: la casa, la silla, el sol, los planetas, los virus, y los fenómenos que de ellos se desprenden como las ondas electromagnéticas, los sonidos, la radiación, la gravedad, etc. Estos se caracterizan por ocupar espacio y tiempo, es decir, son fenómenos espaciales y temporales (es la dimensión equiparable al género M1 de Gustavo Bueno).

    2) DU2 = Dimensión Ontológico-Material Psicológica-Subjetiva: sería la dimensión donde ocurren los fenómenos que están “dentro de la conciencia”, los fenómenos del mundo psicológico, internos a nuestra psique, ej: las emociones, los sueños, los sentimientos, las ideologías, etc. Son realidades que no ocupan espacio físico, pero sí están limitadas por el tiempo de la persona que las experimenta, por tanto, son fenómenos in-espaciales y temporales (es la dimensión equiparable al M2 de G. Bueno). Y por último…

    3) DU3 = Dimensión Ontológico- Material Lógico-Abstracta: donde se agruparían los entes que no ocupan espacio físico, ni son afectados por el tiempo, por tanto son fenómenos inespaciales e intemporales, por ejemplo: las ideas filosóficas, los conceptos científico-categoriales, los números, las figuras geométricas, los teoremas (como el de Pitágoras), que no importa el momento en que se enuncien, siempre darán el mismo resultado: un triángulo, aunque no ocupe espacio físico, siempre será un polígono de tres lados; y si bien son fenómenos abstractos, necesitan de una materialidad pensante para ser constituidos, para ser “pensados” (es la dimensión equiparable a M3 de G. Bueno).

    (Cabe anotar que desde el materialismo político (superando al materialismo filosófico) se teoriza la posibilidad de más dimensiones de materialidad, un hipotético DU4, donde ocurran fenómenos espaciales e intemporales, es decir, que ocupen espacio físico, pero al ser intemporales existirían en todos los momentos a la vez. Son fenómenos imposibles de imaginar pues nunca se ha visto algo semejante, aún así, desde el polimat no descartamos la posibilidad de su existencia entre la infinita pluralidad de fenómenos que existen en el universo, e incluso podrían existir más dimensiones de materialidad (un hipotético DU5 o DU6) que hasta el momento son inimaginables para nosotros).

    Estos tres géneros de materialidad descritos anteriormente son inconmensurables, no se pueden reducir unos a otros. Por ejemplo, los sentimientos (DU2) o la moral (DU3) no se pueden reducir al cerebro o a los genes (DU1). Sin embargo, están conectados discontinuamente (en Symploké) de tal modo que si se suprime un género los otros también desaparecen. Por ejemplo: Sin un cierto “orden” geométrico (DU3) serían imposibles los objetos corpóreos (DU1) o su manipulación (DU2).

    La materia es una pluralidad infinita de contenidos indeterminados en la que “no todo está conectado con todo” y en la que algunas “corrientes” han confluido para dar lugar al mundo. De este modo, a través del mundo, la materia toma conciencia de sí misma. La materia no puede surgir (creación) o desaparecer (aniquilación): es eterna, está “antes”, “en” y “después” del mundo. Todo lo que surge de lo material, es material pero no en el sentido de que tiene masa y se puede tocar. Sino en el sentido filosófico. Las ideas y las abstracciones existen como consecuencia de una materialidad que las antecede. Ej: La conciencia existe: es química en las sinapsis, aunque no se reduce solo a química (sería una perspectiva monista reducir la conciencia únicamente a los procesos termodinámicos que se dan en las neuronas) sino que es producto del entretejimiento de una pluralidad de fenómenos en las tres dimensiones de materialidad codeterminados en Symploké.

    Para hablar de ontología también hay que hablar del “Cosmos”, que para efectos prácticos lo podemos denominar como la realidad en un sentido amplio. El Cosmos es infinito, es real, es material, compuesto por entes los cuales se co-determinan en “Symploké” como ya vimos; la realidad es plural (es decir, que no hay una sola realidad, sino realidades) y discontinua (es decir, que dichas realidades no están completamente fusionadas entre sí, sino que hay momentos de conexión y de desconexión entre ellas). Unas cosas están relacionadas con unas cosas pero desconectadas de otras.

    El Cosmos (C)

    El Cosmos (C) (la totalidad de lo que existe) se divide en tres partes o tres elementos ontológicos:

    1. El Universo-Mundo (U): Es la parte en la que nosotros como sujetos podemos operar (operar es transformar o reorganizar los materiales que conforman la realidad, para no extendernos mucho, definiremos simple y llanamente como “juntar y separar cosas”). Este universo es una realidad sobre la cual podemos determinar, conocer y operar.

    A diferencia del materialismo filosófico, en el materialismo político definimos esta idea del mundo como una idea abierta, negando su unicidad. Ya que lo concebimos como algo imperfecto, dinámico, infecto y en constante cambio, movimiento y producción. 

    Retomando, la parte del Cosmos (C) en la que y sobre la que nosotros como sujetos corpóreos cognoscentes prácticos operamos la llamamos Universo-Mundo (U). Es “el mundo conocido” o la “parte de la realidad que conocemos” (en terminología de Gustavo Bueno sería “Materia Ontológica Especial” (Mi). El universo es plural, infecto, abierto, dinámico. Negamos la“unicidad del mundo”, es imposible cerrar el Universo (que es el mundo-entorno que podemos llegar a conocer).

    2. Ser Material Trascendental (S): La parte del Cosmos (C) que está en el límite del Universo-Mundo (U), es decir, la parte del Cosmos (C) que no conocemos (y que podremos conocer conforme avance nuestro bagaje científico tecnológico pero que al ser infinita jamás podremos conocer en su totalidad). Es “la parte de la realidad desconocida o por conocer”. Es la inmensa mayoría de la realidad; y atraviesa a los otros dos elementos, por eso es “Trascendental”.

    El materialismo de Gustavo Bueno se dice pluralista y postula la unicidad del Universo (Cosmos) como el desarrollo de la materia denominada por él como “Materia Ontológica General” (M). En el Materialismo Político, Armesilla llama Ser material Trascendental (S) a la materialidad existente, el “ser” (que se opone a la nada), que trasciende al Universo-Mundo (U), que no conocemos (en los términos en que “conocimiento” significa capacidad para operar, capacidad de realizar operaciones con sus elementos).

    Entonces, tenemos una totalidad plural material real infinita llamada Cosmos (C) que a su vez contiene una parte “desconocida” llamada Ser Material Trascendental (S) y otra parte “conocida” donde nosotros como sujetos podemos operar y que llamamos Universo-Mundo (U). Entre estas dos partes de La Realidad (C) nos situamos nosotros (como sujetos corpóreos vivos cognoscentes-prácticos) como el eslabón de unión, como nexo entre (S) y (U), entre el Ser Material Trascendental y el Universo Mundo:

    3. El Ego Trascendental (E): El “Ego trascendental”, que seríamos nosotros como sujetos corpóreos, vivos, cognoscentes, productores, a un nivel lógico, institucional, histórico, político y, por lo tanto, práctico y colectivo. Sería la unión entre el Universo-Mundo (U) y el Ser material trascendental (S), transformando a ambos de manera dialéctica.

    El Ego trascendental (E) tiene capacidades operatorias para transformar el universo, oponiéndose a la idea de “creación” que consideramos imposible ya que sería pasar de la “nada” al “ser”: “La materia no se crea ni se destruye, se transforma” (principio de conservación de la masa o ley de Lavoisier).

    Por lo tanto, la ontología del materialismo político comprende una realidad material plural que denomina Cosmos (C) que engloba y está constituida, a su vez, de 3 partes entretejidas en Symploké dentro de la misma y que se necesitan unas a otras para entender dicho cosmos, a saber:

    1. (U)= El Universo-Mundo o “mundo conocido”.
    2. (S)= El Ser Material Trascendental o “mundo desconocido”.
    3. (E)= El Ego Trascendental o “el hombre” en términos históricos, políticos y colectivos, y su capacidad operatoria, cognoscente-práctica.

    Que se podría expresar en una especie de “ecuación algebraica” de la siguiente manera:

    C = { U[DU1,DU2,DU3,…DU4,…DUn] CECSmt}

    El Ego trascendental (E)

    El Ego trascendental es la conciencia demiúrgica del Universo-mundo. Es un ego material, lógico, histórico, institucional que representa el conjunto de “egos corpóreos diminutos” donde cada uno de ellos es un sujeto corpóreo cognoscente, que simplificando, es cada persona humana capaz de conocer y transformar el mundo, sin reducirlo solo a eso porque también incluye las disciplinas categoriales (ciencias, técnicas, artes, artesanías, tecnologías, instituciones, etc.) que han logrado conformar históricamente generaciones de Egos corpóreos diminutos, partiendo de la vida política.

    Pero ¿qué queremos decir cuando decimos “demiurgo”? El demiurgo (que significa “creador”) es el sujeto de la praxis que con sus capacidades operatorias transforma la realidad y le da forma al Universo-mundo. No “creador” en el sentido de crear algo de la nada, sino de manipulación de lo que ya existe.

    Esa “conciencia demiúrgica” no es una conciencia metafísica, sino, material, compuesta por:

    a) un sujeto corpóreo cognoscente-práctico, colectivo, social vivo y
    b) el conjunto de disciplinas categoriales de conocimiento elaborados en el marco de las sociedades políticas por esos mismos sujetos.

    Éste Ego Trascendental (E) es homologable al “sujeto corpóreo de la praxis” de Marx y en la construcción del Universo-mundo (U) por parte de ese sujeto a través de las operaciones con los elementos de la naturaleza tendremos su núcleo ontológico. Esa operación, a través del trabajo (manual e intelectual) humano es: la producción (elemento ontológico central en Marx); según Gustavo Bueno, la idea más revolucionaria de Marx es su idea de producción. El Ego Trascendental es ese ser viviente-cognoscente colectivo que funciona como “eslabón” entre el Ser Material Trascendental (al que nunca llegará a totalizar por ser este infinito y el Ego, por el contrario, finito), y el Universo-Mundo al que aprehende, comprende, categoriza y transforma.

    Para conocer la realidad, para conocer los entes (lo que existe) en un sentido ontológico, hay que tener en cuenta que también percibimos cotidianamente una realidad ilusoria, o “aparente” (fenómeno) que se opone a la “esencia”. También la podemos ver como una distinción entre lo que se conoce como el “fenómeno”, es decir, lo que se me presenta ante mi percepción sensorial, y el “ente”, es decir, lo que “es” independientemente de cómo lo perciba. Esta oposición entre apariencia y esencia (las cuales están en dialéctica entre sí) se resuelve a través de lo que se conoce como “cancelación de las apariencias” y mediante lo que conocemos como la idea ontológica de “producción”. Como vemos, el materialismo político no solamente es un método para conocer la realidad, sino también para transformarla, el ejemplo más claro es la idea ontológica de producción que acabamos de mencionar.

    En Marx ese “Ego Trascendental” se agrupa, se categoriza, clasifica o define según su relación con la propiedad de los medios de producción y sus relaciones de producción en clases sociales. Marx construye su ontología contra el sistema filosófico hegeliano (y el idealismo alemán en general) teniendo rupturas —es materialista en contraposición al idealismo hegeliano— y continuidades en caso de la Dialéctica Hegeliana.

    Gustavo Bueno, a su vez, construye su sistema filosófico contra el Diamat soviético, filosofía oficial de la extinta URSS (monista, teleológica, determinista, economicista, naturalista y gnóstica), siendo pluralista, no determinista; y además contra el idealismo y contra el espiritualismo teológico siendo materialista y dialéctico.

    Bueno ofrece una ontología materialista construida geométricamente, por medio del análisis regresivo de las conciencias científicas, políticas y mundanas del aquí y ahora, dadas como hechos históricos y en continua reformulación (dado el carácter inacabado e infecto de la realidad) y en las que se realiza la idea objetiva de materia de diversas maneras hacia los componentes trascendentales (ideas que surgen) de todas las conciencias (los saberes) de 1er grado (como sistemas conformados por ideas y teoremas que están por encima o segregados de la voluntad de quienes los utilizan).

    Ese aquí y ahora, donde se sitúa la filosofía materialista, debe ser analizado y triturado, para ser transformado, para realizar la filosofía materialista a nivel político.

    El criterio de potencialidad de la ontología materialista y por lo tanto del Materialismo Político, estará, en buena medida, dado por la capacidad de ésta ontología de incorporar conceptos científicos-categoriales de las ciencias naturales, como de las formales o de las sociales más avanzadas del momento, como así también, incorporar críticamente ideas de otros sistemas filosóficos (partes materialistas de los gnósticos, como así también idealistas dándoles la vuelta del revés como a la dialéctica hegeliana).

    El Materialismo Político —la concepción materialista de la vida política— será revolucionario en tanto que la acción derivada de los propios sujetos operatorios (Ego Trascendental) se dirija a las conciencias de los sujetos y a la transformación de su entendimiento, como así también situados en el aquí y ahora del Universo-Mundo interviniendo en él para transformarlo.

    Para Marx la materia existe desde la eternidad independientemente de todo sujeto corpóreo operatorio. Pero en el marxismo estos sujetos de la praxis no son pasivos, especulativos, limitados a recibir pasivamente los estímulos del mundo entorno exterior y objetivo (no es un empirismo). Por el contrario, son sujetos activos, dotados de sistema nervioso y eminentemente prácticos que realizan su esencia a través de la producción del Universo-Mundo y, de manera particular, a través del trabajo racionalizado e institucionalizado, producto de la vida política y su devenir histórico.

    Como se dijo anteriormente, el marxismo agrupa a éstos sujetos históricamente por su relación con los medios de producción en clases sociales. En ésta relación, además de una multiplicidad de clases sociales muy heterogéneas, habrá clases explotadas y explotadoras en dialéctica mutua. Pero en el marxismo estos sujetos están produciendo, constituyendo continuamente su mundo-entorno humano (Universo-Mundo) el cual es social e institucional en su estadio prepolítico y, con la aparición de los primeros Estados prístinos, ya fundamentalmente políticos. Y el mundo-entorno político que produce el hombre es la base sobre la que se amplía la escala zootrópica-antrópica.

    Si a escala de la dialéctica de clases el Ego Trascendental será ejercido por la clase obrera unida y dirigida por el Partido Político de Vanguardia, con este en el poder del Estado Socialista, dicho Estado, sobre todo si adquiere características de Imperio generador para poder influir a escala universal (como lo hizo la URSS), será la organización totalizadora de la conciencia demiúrgica del Universo-Mundo a una escala dónde no queda claro que sea el comunismo el último estadio de la evolución humana, ya que si tomamos la escala de Kardashov, no sabríamos hoy a ciencia cierta qué tipo de sociedad tendría lugar. Lo cierto es que a fuerza de desarrollar y revolucionar constantemente las fuerzas productivas, las relaciones de producción y los modos de producción, escalaríamos a tipos de sociedades hoy inimaginables.

    En todo caso el marxismo-leninismo tiene una idea del Ego Trascendental indisociable de Organizaciones Totalizadoras Categoriales del Universo-Mundo (Estados e Imperios).

    Un tipo de Organización Totalizadora Categorial existente que puede llevar al límite el Ego Trascendental es la realizada por los Imperios Generadores (en términos de Gustavo Bueno).

    Por tanto, podríamos decir que la idea de Ego Trascendental es indisociable de la estructura de un Imperio Generador que, en esencia, es sinónimo de Civilización y modo de producción (el Imperio Británico asienta el modo de producción capitalista, tras la transición mercantilista que inició el Imperio Español; el Imperio Soviético trató de conformar los inicios de la transición socialista, algo que ahora planea continuar la República Popular China).

    El sujeto de la praxis del Marxismo-Leninismo produce, comprende, aprehende, clasifica y transforma (opera) el Universo-Mundo a través del Trabajo humano dado en la Producción, como categoría económica fundamental y como idea filosófica esencial del materialismo. Es por tanto, posible coordinar la idea de Ego Trascendental en el Materialismo Filosófico de Gustavo Bueno con la praxis marxista a través de los hombres que transforman el Universo-Mundo a través del trabajo organizado e institucionalizado racionalmente, producto de la vida política. Porque para Marx el Trabajo y la Producción son trascendentes, comunes, a todos los sujetos antrópicos dados en la Historia (y en la pre-Historia como proto-trabajo). Y esto es compatible con el Materialismo de Bueno, y nosotros lo recogemos en tanto la figura de la producción (y el trabajo) en el marxismo va ligada a los egos corpóreos categoriales del materialismo filosófico de Bueno, y son susceptibles de ser fundamento por recurrencia y desbordamiento de esos círculos categoriales concretos evitando el componente esencialista e idealista del término Ego Trascendental.

    Por otra parte existe una fuerte conexión entre la racionalidad y el Ego Trascendental. Una racionalidad positiva, concreta, objetiva e histórica. Revolucionaria a escala racio-universalista. Es el Ego Trascendental el que hace posible nuestra comprensión del Cosmos, sin sustancializar ninguna de sus partes. No puede sustancializarse el Ego porque caeríamos en la metafísica idealista. No puede sustancializarse el Universo porque caeríamos en la sustancialización mundanista. No podemos sustancializar el Ser Material Trascendental porque caeríamos en la sustancialización espiritualista metafísica.

    Nuestra ontología materialista se puede interpretar como un mapamundi, una representación cartográfica racional del Cosmos y sus partes dadas a nuestra escala zootropica-antrópica. Un mapamundi construido sobre otros mapamundis anteriores también míticos, pero luminosos, racionales, y críticos. Ese mapamundi se va ampliando al tiempo y a medida que el Ego Trascendental (el sujeto de la praxis de Marx) amplía la escala zootrópica-antrópica del Universo transformándose, al mismo tiempo, a sí mismo. Es decir, a medida que el ser humano, dotado de su capacidad de producción material y de conocimiento, avanza en su actividad de producción, va ampliando el horizonte conocido y, también, va ampliando su mapamundi a la vez que lo transforma y se transforma a sí mismo.

    Referencias

    1. Bueno, G. (1991). Parte II: Ontológica. En Primer ensayo sobre las categorías de las ciencias políticas. Fundación Gustavo Bueno. https://www.fgbueno.es/med/dig/gb91ccp4.pdf[]
    2. Utín, M. (2022, 6 de junio). Conceptos fundamentales del Materialismo Político (I). La Razón Comunista. https://www.larazoncomunista.com/post/12-1-conceptos-fundamentales-del-materialismo-pol%C3%ADtico-i[][]
    3. Armesilla, S. (2020). La vuelta del revés de Marx: El materialismo político entretejiendo a Karl Marx y Gustavo Bueno (p. 115). El Viejo Topo.[]
    4. Bueno, G. (2010, 13 de abril). Symploké [Transcripción de exposición verbal, Tesela nº 34] (fragmentos 2-3). Fundación Gustavo Bueno. https://www.fgbueno.es/med/tes/t034.htm[]
    5. Bueno, G. (2001). La filosofía crítica de Gracián. Fundación Gustavo Bueno. https://fgbueno.es/gbm/gb2001gr.htm[]