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  • Ontología del Materialismo Político

    Ontología del Materialismo Político

    ¿Qué es la ontología?

    Gustavo Bueno define la ontología 1 como un término que se utiliza para designar a las cuestiones referentes al “ser” (o al “ente”). Cuestiones referentes a lo que se conoce como sus modos, su constitución como atributos trascendentales, sus todos y sus partes, etc. Para Bueno el término ontología se opone a la fenomenología y a la ciencia categorial. Y solamente mediante la oposición respecto a estos términos podemos delimitar el alcance de la ontología o su objeto de estudio.

    Recurriendo al filósofo argentino Adolfo Carpio podemos decir que: La Ontología es la disciplina que estudia a los entes, es decir a “lo que es”, a lo que existe y lo que hace que los entes sean: el Ser.

    Es importante aquí hacer una distinción entre “metafísica” y “ontología”, pues es común que se entiendan estos dos términos como si fueran una misma cosa: el estudio del ser y sus determinaciones, pero nuestra filosofía es radicalmente materialista, es decir, hiperrealista, y no puede llamar al conocimiento del Ser como “metafísica” por sus componentes espiritualistas e idealistas.

    Definimos metafísica como la sustancialización de algo que no es sustancia. ¿Y qué es sustancia? Lo que se puede operar. ¿Y qué entendemos por “operar”?No se trata de ver y medir (que es el criterio positivista, empirista), siguiendo a Gustavo Bueno, partimos del criterio operacionalista: no se trata de solo ver o tocar (porque existen cosas que no son tangibles-físicas pero son operables como las ideas, las matemáticas, los algoritmos, la distancia entre dos puntos, etc.) hay que poder operar con ello, y la operación más básica que se puede hacer es “juntar” y “separar”.

    No podemos hablar con dios, estudiar a dios, operar con dios, conocer a dios, porque no existe (es una idea metafísica), pero sí podemos estudiar la idea de dios, operar con la idea de dios (porque las ideas sí son materiales) y operar con la relación del ser humano con la idea (mejor dicho, las ideas) de dios, al igual que podemos operar con los números, aunque estos no sean realidades físicas-corporales. Algo se rechaza como sustancia porque la sustancia no puede no ser operable.

    Así, nuestra ontología es materialista: Ontología es el sustantivo y materialista el adjetivo. No podemos usar la noción de metafísica porque por mucho que se adjetive como materialista, las determinaciones de lo que existe (del Ser) no pueden ser determinadas por una disciplina especulativa que presupone que existen realidades “más allá de lo físico” desconectadas del mundo real, que es lo que la metafísica hace, sin que esto signifique que nuestro materialismo sea vulgar o grosero, en el sentido de que afirmemos que sólo existe lo físico-tangible-corpóreo, sino que negamos que exista una realidad metafísica (inmaterial) o un “mundo de las ideas” (o espiritual) sobre el cual no se pueda operar de alguna manera con el mundo físico corpóreo.

    Fundamentos ontológicos del Materialismo Político

    Como expresamos en el artículo anterior, en los fundamentos del materialismo político no tenemos ninguna “verdad” revelada o suprema a la que nos atenemos o en la que nos basamos, por tanto, en la base del sistema del materialismo político, es decir en la piedra angular del mismo no hay ninguna idea “sublime” que lo sostenga, no hay ninguna idea “Superior”. Esto significa que no está la“IDEA” en mayúscula en el sentido del idealismo (platónico), ni el espíritu absoluto” (de Hegel), ni tenemos como fundamento la “revelación divina” de las religiones, ni la idea de “dios”, ni la idea de “justicia”, ni la palabra de Marx, ni la de Bueno, ni de ningún sabio, ni ídolo; lo único que está en la base del sistema es la dialéctica, por eso se tienen que tener en cuenta todas las diferentes tesis que van saliendo constantemente y optar por la más potente, la más racional o por la que menos contradicciones tenga. Por consiguiente, decantarse por la proposición más potente de la realidad, no por la más bonita ni la que nos parezca más simpática o más justa sino por aquella que mejor explique los fenómenos de nuestra realidad en marcha.

    Existen una serie de principios lógicos a los que nos acogemos, denominados principios ontológicos, que son los siguientes: 2

    1. El principio de Identidad: Todo ente es idéntico a sí mismo. (A es A)
    2. El principio de (no) contradicción: Ningún ente puede ser y no ser el mismo al mismo tiempo. (A es A y no puede dejar de ser A)
    3. El principio del tercero excluido: Todo ente tiene que ser idéntico a sí mismo y no puede ser otro al mismo tiempo. (A es A y no puede ser B)
    4. El principio de Razón suficiente o Fundamento: Todo tiene su razón de ser.

    La concepción materialista de la vida política conlleva, además de una reclasificación y redefinición crítica de la ontología materialista, el establecimiento de un marco ontológico nuevo en el que se incluya la redefinición crítica de dicha ontología y que permita, a su vez, una reclasificación de las categorías de la Economía Política, de la politología y de la sociología marxistas, de manera particular, y de cada una de las disciplinas del conocimiento en general. Se trataría de una nueva ontología que ayude a reconstruir las referencias individuales, políticas, de cada sujeto, dadas ya por la propia práctica política, social, científica, y en cuyo suelo se conforma la concepción materialista de la vida política. Una ontología filosófica que, no obstante, reconoce en el diamat soviético, como parte del marxismo-leninismo, el primer intento serio de concepción materialista de la vida política verdaderamente implantada en sentido político fuerte, a escala imperial, y con pretensiones universales y universalistas. El diamat consiguió todo ello, pero también su evolución provocó su derrumbe, debido en buena medida a sus propias limitaciones, sobre todo a su tendencia al monismo metafísico, que consideraba la realidad como un proceso progresivo ascendente que culminaría en la aparición del hombre nuevo y de la verdadera Historia de la humanidad, una vez que la Humanidad, fuese conformada como totalidad atributiva unificada, por lo que la Humanidad sería, por fin, una entidad política única que comenzaría a tener Historia. Sin embargo, esta idea no corresponde en realidad a la idea plasmada por Marx en su introducción a su Contribución a la Crítica de la Economía Política (Marx, [1859] 2004: XXXI-XXXII)4, pues la sociedad histórica humana en Marx no es una sociedad política universal en sentido atributivo. Esta crítica al diamat no niega sus valiosos aportes a la filosofía materialista. Además, su tendencia al monismo metafísico fue compensada, entre otros, por el propio Lenin, con su idea de la “inagotabilidad de la materia en profundidad” (Bueno, 1972b: 11, nota 1), que ya supone un pluralismo ontológico materialista. Frente al diamat, Bueno ofrece una ontología materialista construida geométricamente, por medio del análisis regresivo de las conciencias científicas, políticas y mundanas del aquí y ahora, dadas como hechos históricos y en continua reformulación, y en las que se realiza la idea de materia como idea objetiva de diversas maneras, hacia los componentes trascendentales de todas estas conciencias de primer grado. 3

    S. Armesilla

    Entonces, cuando nos referimos a la Ontología, nos referimos a estudiar “lo que es”, todo lo que existe, es decir, a la realidad, su desarrollo y su fundamento.

    ¿Pero cuando decimos “a lo que existe” a qué nos referimos?

    Nos referimos a todas las cosas que existen, tengan cuerpos o no tengan cuerpos, es decir, a las cosas físicas como una silla, un árbol, una casa; como así también a las cosas que no tienen masa/cuerpo/fisicalidad pero que también existen como la distancia entre dos puntos, los sentimientos de amor, de tristeza, de alegría y los sueños que son de la dimensión psicológica; como así también las ideas, los números, los teoremas, las figuras geométricas, los ángulos, que ya son de una dimensión lógico-abstracta.

    Nuestra ontología, por tanto, es pluralista, discontinuista (y dialéctica), nociones tomadas de Platón, sin las cuales sería imposible entender ningún fenómeno de la realidad, pues todos los fenómenos de la realidad están entretejidos y codeterminados en Symploké.

    ¿Pero qué significa “Symploké”?

    Symploké

    El Symploké es un principio formulado por Platón que expresa que algunas cosas están conectadas con unas cosas pero desconectadas de otras cosas.

    En palabras de Gustavo Bueno: 4

    “Symploké” es una expresión, una palabra griega, con otras similares, como por ejemplo “oplokós” que significa “trenza”, “ensortijamiento de cabellos”. Y “symploké” es una palabra común griega, que significa eso, parece, “entretejimiento”, “composición”; incluso, por ejemplo, a veces el entretejimiento de dos grupos que luchan con espadas, que “entretejen espadas”. Es decir, es una palabra común griega –quiero decir– y que Platón la utiliza también muchas veces en sentido común griego, sin ser una palabra técnica diríamos suya; ni tampoco lo fue nunca en Platón, esto es muy importante también saberlo. Por ejemplo cuando dice Platón, me parece que en El Político habla de la composición de las sílabas se subraya la idea de composición.

    De manera que entonces la idea de symploké en Platón, en principio es una idea común griega que Platón la utiliza algunas veces y que hace ya cuarenta años me parece en “El papel de la filosofía” nosotros la utilizamos para darle un sentido técnico fundado también en un uso de Platón, un uso que hace Platón en El Sofista, desde luego. Pero que Platón utiliza este término sin darle una relevancia de sentido técnico, pero que sin embargo se puede reinterpretar como siendo fundamental el sentido que el materialismo le dio.

    Como “pensar siempre es pensar contra algo”, 5 Platón construye esta idea (El Sofista, 251e-253e) oponiéndose a los monistas que afirmaban que todo está conectado con todo (Tales de Mileto, Anaxímenes, etc.), como a los escépticos atomistas (pluralismo radical) que afirmaban que nada está conectado con nada (Protágoras, Gorgias, etc.), pues decía Platón que si “todo estuviera conectado con todo” sería imposible pensar porque el reposo y el movimiento serían la misma cosa y si “nada estuviera conectado con nada también sería imposible pensar porque no se podría pasar del reposo al movimiento ni del movimiento al reposo.

    Estas nociones las podemos ver confirmadas casi dos mil años después con la primera ley de Newton: “Todo cuerpo en movimiento permanecerá en movimiento y todo cuerpo en reposo permanecerá en reposo hasta que una fuerza externa actúe sobre él”, esta ley nos indica que para pasar del movimiento al reposo o del reposo al movimiento se requiere de un “momento de conexión” y un “momento de desconexión” entre dos fuerzas externas.

    Por tanto, como para el polimat, la materia no consiste sólo en los objetos físicos-corpóreos, como ya hemos dicho, no es un materialismo grosero o vulgar, pues lo característico de la materia no es la corporeidad sino la pluralidad: la materia es una pluralidad de elementos o contenidos entretejidos discontinuamente, unas cosas conectadas con unas cosas pero separadas de otras cosas (Symploké), cuyo despliegue desemboca en la pluralidad con la que se nos presenta el mundo.

    Insistimos, es imposible entender el mundo y cualquier fenómeno de la realidad sin entender y asimilar la idea de Symploké.

    El polimat, heredándolo del filomat, niega, por tanto, todo reduccionismo del tipo “todo procede del agua”, “todo procede de la acción creadora de dios”, “todo procede de los quarks”, “todo está conectado con todo”, “nada está conectado con nada”, “ni una hoja de un árbol se cae sin que dios lo permita”, etc.

    Nuestro materialismo afirma que el Cosmos (C) en su totalidad ha sido, es y será material. Pero que en dicho Cosmos no solo existe la materia corpórea, es decir, no se reduce a mero “corporeísmo fisicalista”. O sea, no solo existe un género de materialidad sino múltiples géneros o dimensiones.

    Dimensiones de materialidad

    Hoy por hoy no tiene nada de raro afirmar que la materia (como idea filosófica, no así como concepto categorial de disciplinas como la Física) también puede ser incorpórea, así, ondas, radiaciones, fuerzas, campos, distancias, ángulos, energía, sueños, sentimientos… son tan materiales como los cuerpos que los generan, porque requieren de un cuerpo físico para existir y porque no son fenómenos espirituales, por eso afirmamos que son materiales; pero el materialismo filosófico va un poco más lejos y clasifica las materialidades del mundo (Mi) en tres géneros o dimensiones: M1, M2 y M3, que en el materialismo político Armesilla recategoriza de la siguiente manera: 2

    1) DU1 = Dimensión Ontológico-Material Física-Corpórea: Sería “todo lo que está fuera de la conciencia”, los fenómenos del mundo físico, corpóreo. ej: la casa, la silla, el sol, los planetas, los virus, y los fenómenos que de ellos se desprenden como las ondas electromagnéticas, los sonidos, la radiación, la gravedad, etc. Estos se caracterizan por ocupar espacio y tiempo, es decir, son fenómenos espaciales y temporales (es la dimensión equiparable al género M1 de Gustavo Bueno).

    2) DU2 = Dimensión Ontológico-Material Psicológica-Subjetiva: sería la dimensión donde ocurren los fenómenos que están “dentro de la conciencia”, los fenómenos del mundo psicológico, internos a nuestra psique, ej: las emociones, los sueños, los sentimientos, las ideologías, etc. Son realidades que no ocupan espacio físico, pero sí están limitadas por el tiempo de la persona que las experimenta, por tanto, son fenómenos in-espaciales y temporales (es la dimensión equiparable al M2 de G. Bueno). Y por último…

    3) DU3 = Dimensión Ontológico- Material Lógico-Abstracta: donde se agruparían los entes que no ocupan espacio físico, ni son afectados por el tiempo, por tanto son fenómenos inespaciales e intemporales, por ejemplo: las ideas filosóficas, los conceptos científico-categoriales, los números, las figuras geométricas, los teoremas (como el de Pitágoras), que no importa el momento en que se enuncien, siempre darán el mismo resultado: un triángulo, aunque no ocupe espacio físico, siempre será un polígono de tres lados; y si bien son fenómenos abstractos, necesitan de una materialidad pensante para ser constituidos, para ser “pensados” (es la dimensión equiparable a M3 de G. Bueno).

    (Cabe anotar que desde el materialismo político (superando al materialismo filosófico) se teoriza la posibilidad de más dimensiones de materialidad, un hipotético DU4, donde ocurran fenómenos espaciales e intemporales, es decir, que ocupen espacio físico, pero al ser intemporales existirían en todos los momentos a la vez. Son fenómenos imposibles de imaginar pues nunca se ha visto algo semejante, aún así, desde el polimat no descartamos la posibilidad de su existencia entre la infinita pluralidad de fenómenos que existen en el universo, e incluso podrían existir más dimensiones de materialidad (un hipotético DU5 o DU6) que hasta el momento son inimaginables para nosotros).

    Estos tres géneros de materialidad descritos anteriormente son inconmensurables, no se pueden reducir unos a otros. Por ejemplo, los sentimientos (DU2) o la moral (DU3) no se pueden reducir al cerebro o a los genes (DU1). Sin embargo, están conectados discontinuamente (en Symploké) de tal modo que si se suprime un género los otros también desaparecen. Por ejemplo: Sin un cierto “orden” geométrico (DU3) serían imposibles los objetos corpóreos (DU1) o su manipulación (DU2).

    La materia es una pluralidad infinita de contenidos indeterminados en la que “no todo está conectado con todo” y en la que algunas “corrientes” han confluido para dar lugar al mundo. De este modo, a través del mundo, la materia toma conciencia de sí misma. La materia no puede surgir (creación) o desaparecer (aniquilación): es eterna, está “antes”, “en” y “después” del mundo. Todo lo que surge de lo material, es material pero no en el sentido de que tiene masa y se puede tocar. Sino en el sentido filosófico. Las ideas y las abstracciones existen como consecuencia de una materialidad que las antecede. Ej: La conciencia existe: es química en las sinapsis, aunque no se reduce solo a química (sería una perspectiva monista reducir la conciencia únicamente a los procesos termodinámicos que se dan en las neuronas) sino que es producto del entretejimiento de una pluralidad de fenómenos en las tres dimensiones de materialidad codeterminados en Symploké.

    Para hablar de ontología también hay que hablar del “Cosmos”, que para efectos prácticos lo podemos denominar como la realidad en un sentido amplio. El Cosmos es infinito, es real, es material, compuesto por entes los cuales se co-determinan en “Symploké” como ya vimos; la realidad es plural (es decir, que no hay una sola realidad, sino realidades) y discontinua (es decir, que dichas realidades no están completamente fusionadas entre sí, sino que hay momentos de conexión y de desconexión entre ellas). Unas cosas están relacionadas con unas cosas pero desconectadas de otras.

    El Cosmos (C)

    El Cosmos (C) (la totalidad de lo que existe) se divide en tres partes o tres elementos ontológicos:

    1. El Universo-Mundo (U): Es la parte en la que nosotros como sujetos podemos operar (operar es transformar o reorganizar los materiales que conforman la realidad, para no extendernos mucho, definiremos simple y llanamente como “juntar y separar cosas”). Este universo es una realidad sobre la cual podemos determinar, conocer y operar.

    A diferencia del materialismo filosófico, en el materialismo político definimos esta idea del mundo como una idea abierta, negando su unicidad. Ya que lo concebimos como algo imperfecto, dinámico, infecto y en constante cambio, movimiento y producción. 

    Retomando, la parte del Cosmos (C) en la que y sobre la que nosotros como sujetos corpóreos cognoscentes prácticos operamos la llamamos Universo-Mundo (U). Es “el mundo conocido” o la “parte de la realidad que conocemos” (en terminología de Gustavo Bueno sería “Materia Ontológica Especial” (Mi). El universo es plural, infecto, abierto, dinámico. Negamos la“unicidad del mundo”, es imposible cerrar el Universo (que es el mundo-entorno que podemos llegar a conocer).

    2. Ser Material Trascendental (S): La parte del Cosmos (C) que está en el límite del Universo-Mundo (U), es decir, la parte del Cosmos (C) que no conocemos (y que podremos conocer conforme avance nuestro bagaje científico tecnológico pero que al ser infinita jamás podremos conocer en su totalidad). Es “la parte de la realidad desconocida o por conocer”. Es la inmensa mayoría de la realidad; y atraviesa a los otros dos elementos, por eso es “Trascendental”.

    El materialismo de Gustavo Bueno se dice pluralista y postula la unicidad del Universo (Cosmos) como el desarrollo de la materia denominada por él como “Materia Ontológica General” (M). En el Materialismo Político, Armesilla llama Ser material Trascendental (S) a la materialidad existente, el “ser” (que se opone a la nada), que trasciende al Universo-Mundo (U), que no conocemos (en los términos en que “conocimiento” significa capacidad para operar, capacidad de realizar operaciones con sus elementos).

    Entonces, tenemos una totalidad plural material real infinita llamada Cosmos (C) que a su vez contiene una parte “desconocida” llamada Ser Material Trascendental (S) y otra parte “conocida” donde nosotros como sujetos podemos operar y que llamamos Universo-Mundo (U). Entre estas dos partes de La Realidad (C) nos situamos nosotros (como sujetos corpóreos vivos cognoscentes-prácticos) como el eslabón de unión, como nexo entre (S) y (U), entre el Ser Material Trascendental y el Universo Mundo:

    3. El Ego Trascendental (E): El “Ego trascendental”, que seríamos nosotros como sujetos corpóreos, vivos, cognoscentes, productores, a un nivel lógico, institucional, histórico, político y, por lo tanto, práctico y colectivo. Sería la unión entre el Universo-Mundo (U) y el Ser material trascendental (S), transformando a ambos de manera dialéctica.

    El Ego trascendental (E) tiene capacidades operatorias para transformar el universo, oponiéndose a la idea de “creación” que consideramos imposible ya que sería pasar de la “nada” al “ser”: “La materia no se crea ni se destruye, se transforma” (principio de conservación de la masa o ley de Lavoisier).

    Por lo tanto, la ontología del materialismo político comprende una realidad material plural que denomina Cosmos (C) que engloba y está constituida, a su vez, de 3 partes entretejidas en Symploké dentro de la misma y que se necesitan unas a otras para entender dicho cosmos, a saber:

    1. (U)= El Universo-Mundo o “mundo conocido”.
    2. (S)= El Ser Material Trascendental o “mundo desconocido”.
    3. (E)= El Ego Trascendental o “el hombre” en términos históricos, políticos y colectivos, y su capacidad operatoria, cognoscente-práctica.

    Que se podría expresar en una especie de “ecuación algebraica” de la siguiente manera:

    C = { U[DU1,DU2,DU3,…DU4,…DUn] CECSmt}

    El Ego trascendental (E)

    El Ego trascendental es la conciencia demiúrgica del Universo-mundo. Es un ego material, lógico, histórico, institucional que representa el conjunto de “egos corpóreos diminutos” donde cada uno de ellos es un sujeto corpóreo cognoscente, que simplificando, es cada persona humana capaz de conocer y transformar el mundo, sin reducirlo solo a eso porque también incluye las disciplinas categoriales (ciencias, técnicas, artes, artesanías, tecnologías, instituciones, etc.) que han logrado conformar históricamente generaciones de Egos corpóreos diminutos, partiendo de la vida política.

    Pero ¿qué queremos decir cuando decimos “demiurgo”? El demiurgo (que significa “creador”) es el sujeto de la praxis que con sus capacidades operatorias transforma la realidad y le da forma al Universo-mundo. No “creador” en el sentido de crear algo de la nada, sino de manipulación de lo que ya existe.

    Esa “conciencia demiúrgica” no es una conciencia metafísica, sino, material, compuesta por:

    a) un sujeto corpóreo cognoscente-práctico, colectivo, social vivo y
    b) el conjunto de disciplinas categoriales de conocimiento elaborados en el marco de las sociedades políticas por esos mismos sujetos.

    Éste Ego Trascendental (E) es homologable al “sujeto corpóreo de la praxis” de Marx y en la construcción del Universo-mundo (U) por parte de ese sujeto a través de las operaciones con los elementos de la naturaleza tendremos su núcleo ontológico. Esa operación, a través del trabajo (manual e intelectual) humano es: la producción (elemento ontológico central en Marx); según Gustavo Bueno, la idea más revolucionaria de Marx es su idea de producción. El Ego Trascendental es ese ser viviente-cognoscente colectivo que funciona como “eslabón” entre el Ser Material Trascendental (al que nunca llegará a totalizar por ser este infinito y el Ego, por el contrario, finito), y el Universo-Mundo al que aprehende, comprende, categoriza y transforma.

    Para conocer la realidad, para conocer los entes (lo que existe) en un sentido ontológico, hay que tener en cuenta que también percibimos cotidianamente una realidad ilusoria, o “aparente” (fenómeno) que se opone a la “esencia”. También la podemos ver como una distinción entre lo que se conoce como el “fenómeno”, es decir, lo que se me presenta ante mi percepción sensorial, y el “ente”, es decir, lo que “es” independientemente de cómo lo perciba. Esta oposición entre apariencia y esencia (las cuales están en dialéctica entre sí) se resuelve a través de lo que se conoce como “cancelación de las apariencias” y mediante lo que conocemos como la idea ontológica de “producción”. Como vemos, el materialismo político no solamente es un método para conocer la realidad, sino también para transformarla, el ejemplo más claro es la idea ontológica de producción que acabamos de mencionar.

    En Marx ese “Ego Trascendental” se agrupa, se categoriza, clasifica o define según su relación con la propiedad de los medios de producción y sus relaciones de producción en clases sociales. Marx construye su ontología contra el sistema filosófico hegeliano (y el idealismo alemán en general) teniendo rupturas —es materialista en contraposición al idealismo hegeliano— y continuidades en caso de la Dialéctica Hegeliana.

    Gustavo Bueno, a su vez, construye su sistema filosófico contra el Diamat soviético, filosofía oficial de la extinta URSS (monista, teleológica, determinista, economicista, naturalista y gnóstica), siendo pluralista, no determinista; y además contra el idealismo y contra el espiritualismo teológico siendo materialista y dialéctico.

    Bueno ofrece una ontología materialista construida geométricamente, por medio del análisis regresivo de las conciencias científicas, políticas y mundanas del aquí y ahora, dadas como hechos históricos y en continua reformulación (dado el carácter inacabado e infecto de la realidad) y en las que se realiza la idea objetiva de materia de diversas maneras hacia los componentes trascendentales (ideas que surgen) de todas las conciencias (los saberes) de 1er grado (como sistemas conformados por ideas y teoremas que están por encima o segregados de la voluntad de quienes los utilizan).

    Ese aquí y ahora, donde se sitúa la filosofía materialista, debe ser analizado y triturado, para ser transformado, para realizar la filosofía materialista a nivel político.

    El criterio de potencialidad de la ontología materialista y por lo tanto del Materialismo Político, estará, en buena medida, dado por la capacidad de ésta ontología de incorporar conceptos científicos-categoriales de las ciencias naturales, como de las formales o de las sociales más avanzadas del momento, como así también, incorporar críticamente ideas de otros sistemas filosóficos (partes materialistas de los gnósticos, como así también idealistas dándoles la vuelta del revés como a la dialéctica hegeliana).

    El Materialismo Político —la concepción materialista de la vida política— será revolucionario en tanto que la acción derivada de los propios sujetos operatorios (Ego Trascendental) se dirija a las conciencias de los sujetos y a la transformación de su entendimiento, como así también situados en el aquí y ahora del Universo-Mundo interviniendo en él para transformarlo.

    Para Marx la materia existe desde la eternidad independientemente de todo sujeto corpóreo operatorio. Pero en el marxismo estos sujetos de la praxis no son pasivos, especulativos, limitados a recibir pasivamente los estímulos del mundo entorno exterior y objetivo (no es un empirismo). Por el contrario, son sujetos activos, dotados de sistema nervioso y eminentemente prácticos que realizan su esencia a través de la producción del Universo-Mundo y, de manera particular, a través del trabajo racionalizado e institucionalizado, producto de la vida política y su devenir histórico.

    Como se dijo anteriormente, el marxismo agrupa a éstos sujetos históricamente por su relación con los medios de producción en clases sociales. En ésta relación, además de una multiplicidad de clases sociales muy heterogéneas, habrá clases explotadas y explotadoras en dialéctica mutua. Pero en el marxismo estos sujetos están produciendo, constituyendo continuamente su mundo-entorno humano (Universo-Mundo) el cual es social e institucional en su estadio prepolítico y, con la aparición de los primeros Estados prístinos, ya fundamentalmente políticos. Y el mundo-entorno político que produce el hombre es la base sobre la que se amplía la escala zootrópica-antrópica.

    Si a escala de la dialéctica de clases el Ego Trascendental será ejercido por la clase obrera unida y dirigida por el Partido Político de Vanguardia, con este en el poder del Estado Socialista, dicho Estado, sobre todo si adquiere características de Imperio generador para poder influir a escala universal (como lo hizo la URSS), será la organización totalizadora de la conciencia demiúrgica del Universo-Mundo a una escala dónde no queda claro que sea el comunismo el último estadio de la evolución humana, ya que si tomamos la escala de Kardashov, no sabríamos hoy a ciencia cierta qué tipo de sociedad tendría lugar. Lo cierto es que a fuerza de desarrollar y revolucionar constantemente las fuerzas productivas, las relaciones de producción y los modos de producción, escalaríamos a tipos de sociedades hoy inimaginables.

    En todo caso el marxismo-leninismo tiene una idea del Ego Trascendental indisociable de Organizaciones Totalizadoras Categoriales del Universo-Mundo (Estados e Imperios).

    Un tipo de Organización Totalizadora Categorial existente que puede llevar al límite el Ego Trascendental es la realizada por los Imperios Generadores (en términos de Gustavo Bueno).

    Por tanto, podríamos decir que la idea de Ego Trascendental es indisociable de la estructura de un Imperio Generador que, en esencia, es sinónimo de Civilización y modo de producción (el Imperio Británico asienta el modo de producción capitalista, tras la transición mercantilista que inició el Imperio Español; el Imperio Soviético trató de conformar los inicios de la transición socialista, algo que ahora planea continuar la República Popular China).

    El sujeto de la praxis del Marxismo-Leninismo produce, comprende, aprehende, clasifica y transforma (opera) el Universo-Mundo a través del Trabajo humano dado en la Producción, como categoría económica fundamental y como idea filosófica esencial del materialismo. Es por tanto, posible coordinar la idea de Ego Trascendental en el Materialismo Filosófico de Gustavo Bueno con la praxis marxista a través de los hombres que transforman el Universo-Mundo a través del trabajo organizado e institucionalizado racionalmente, producto de la vida política. Porque para Marx el Trabajo y la Producción son trascendentes, comunes, a todos los sujetos antrópicos dados en la Historia (y en la pre-Historia como proto-trabajo). Y esto es compatible con el Materialismo de Bueno, y nosotros lo recogemos en tanto la figura de la producción (y el trabajo) en el marxismo va ligada a los egos corpóreos categoriales del materialismo filosófico de Bueno, y son susceptibles de ser fundamento por recurrencia y desbordamiento de esos círculos categoriales concretos evitando el componente esencialista e idealista del término Ego Trascendental.

    Por otra parte existe una fuerte conexión entre la racionalidad y el Ego Trascendental. Una racionalidad positiva, concreta, objetiva e histórica. Revolucionaria a escala racio-universalista. Es el Ego Trascendental el que hace posible nuestra comprensión del Cosmos, sin sustancializar ninguna de sus partes. No puede sustancializarse el Ego porque caeríamos en la metafísica idealista. No puede sustancializarse el Universo porque caeríamos en la sustancialización mundanista. No podemos sustancializar el Ser Material Trascendental porque caeríamos en la sustancialización espiritualista metafísica.

    Nuestra ontología materialista se puede interpretar como un mapamundi, una representación cartográfica racional del Cosmos y sus partes dadas a nuestra escala zootropica-antrópica. Un mapamundi construido sobre otros mapamundis anteriores también míticos, pero luminosos, racionales, y críticos. Ese mapamundi se va ampliando al tiempo y a medida que el Ego Trascendental (el sujeto de la praxis de Marx) amplía la escala zootrópica-antrópica del Universo transformándose, al mismo tiempo, a sí mismo. Es decir, a medida que el ser humano, dotado de su capacidad de producción material y de conocimiento, avanza en su actividad de producción, va ampliando el horizonte conocido y, también, va ampliando su mapamundi a la vez que lo transforma y se transforma a sí mismo.

    Referencias

    1. Bueno, G. (1991). Parte II: Ontológica. En Primer ensayo sobre las categorías de las ciencias políticas. Fundación Gustavo Bueno. https://www.fgbueno.es/med/dig/gb91ccp4.pdf[]
    2. Utín, M. (2022, 6 de junio). Conceptos fundamentales del Materialismo Político (I). La Razón Comunista. https://www.larazoncomunista.com/post/12-1-conceptos-fundamentales-del-materialismo-pol%C3%ADtico-i[][]
    3. Armesilla, S. (2020). La vuelta del revés de Marx: El materialismo político entretejiendo a Karl Marx y Gustavo Bueno (p. 115). El Viejo Topo.[]
    4. Bueno, G. (2010, 13 de abril). Symploké [Transcripción de exposición verbal, Tesela nº 34] (fragmentos 2-3). Fundación Gustavo Bueno. https://www.fgbueno.es/med/tes/t034.htm[]
    5. Bueno, G. (2001). La filosofía crítica de Gracián. Fundación Gustavo Bueno. https://fgbueno.es/gbm/gb2001gr.htm[]
  • ¿De qué hablamos cuando hablamos del Materialismo Político?

    ¿De qué hablamos cuando hablamos del Materialismo Político?

    ¿Qué es el Materialismo Político?

    El Materialismo Político (Polimat o MatPol) es una filosofía, o mejor dicho, es un sistema filosófico (en construcción) propuesto por el politólogo Santiago Armesilla, que consiste en fusionar la concepción materialista de la historia (propuesta por Marx) con la concepción materialista de la filosofía (propuesta por Bueno) y la escolástica católica de la Escuela de Salamanca (heredada de Santo Tomás) —sin negar otras fuentes (M. Gullo, Martinez Marzoa, Durantes Prados, D. Fusaro, escuela de ciber-comunismo, entre otras)—, entretejiéndose para converger en la concepción materialista de la vida política.

    En resumen, hablamos de un materialismo político que asumiría el Materialismo Histórico de Marx (purgado del materialismo dialéctico de la URSS) y el Materialismo Filosófico de Gustavo Bueno (reforzado en su conexión con el Materialismo Histórico y purgado de sus elementos nihilistas, gnósticos y teoreticistas) en su ontología, 1 gnoseología y antropología filosófica, así como su ética y moral reconstruidas (heredadas de la escolástica salamantina), con su dialéctica de la naturaleza correspondiente, que en este texto trataremos de sintetizar.

    En ese sentido, el Materialismo Político es una herramienta de estudio, comprensión y transformación material, plural, concreta, dialéctica, histórica, política y filosófica de la realidad, y nuestro objetivo es su implantación política en sentido fuerte, en un Estado-nación de escala civilizatoria (imperio generador), es decir, en la plataforma de escala continental-mundial que contiene a la clase trabajadora que habla español y portugués, para de este modo superar el estado de cosas actual en nuestras naciones políticas.

    En los fundamentos del Materialismo Político no tenemos ninguna “verdad” revelada o suprema a la que nos atenemos o en la que nos basamos, por tanto, en la base del sistema del Materialismo Político, es decir, en la piedra angular del mismo no hay ninguna idea “sublime” que lo sostenga, no hay ninguna idea “superior”. Esto significa que no está la “IDEA” en mayúscula en el sentido del idealismo (de Hegel), el espíritu absoluto”, ni tenemos como fundamento la “revelación divina” de las religiones, ni la idea de “Dios”, ni la idea de “justicia”, ni la palabra de ningún sabio, ni siquiera la palabra de Marx ni de Bueno; lo único que está en la base del sistema es la dialéctica, ergo, el sistema opera desde el método apagógico: Es un tipo de razonamiento lógico que tiene que tener en cuenta todas las diferentes tesis que van saliendo constantemente y optar por la más potente, la más racional o por la que menos contradicciones tenga. Por consiguiente, se decanta por la explicación más potente y racional de la realidad, no por la más bonita ni la que nos parezca más simpática sino por aquella que mejor explique los fenómenos de nuestra realidad en marcha.

    Como hemos dicho, el Materialismo Político es una filosofía, pero…

    ¿Qué entendemos por filosofía?

    La filosofía es la forma en que relacionamos las ideas de las que disponemos, en otras palabras, es la forma en la que pensamos, interpretamos, razonamos y sacamos conclusiones. Se puede entender como un saber crítico, sistemático, metódico que se pregunta por lo que existe y por el fundamento de lo que existe. 2

    La filosofía es un saber de segundo grado que depende enteramente de los saberes de primer grado para constituirse (ya veremos qué significa esto). Y toda filosofía se debe evaluar a partir de los siguientes criterios:

    1. Si es sistemática o asistemática
    2. Si es materialista o idealista
    3. Si es crítica o acrítica.

    A. Sistemática o asistemática

    Se refiere a si construye un orden metodológico y racional para organizar las ideas o si en cambio, no se usa ningún método claro ni ningún sistema, sino que se relacionan ideas de manera intuitiva, espontánea, desorganizada y desestructurada.

    Así como existe un método para aprender inglés, un método para aprender a tocar el piano, un método para aprender a reparar una computadora, un método para aprender a leer más eficientemente, etc., hay métodos para pensar (sistemas filosóficos), es decir, un ordenamiento lógico, racional y coherente de las ideas, de los conceptos y de la forma en que los relacionamos y sacamos conclusiones.

    El pensamiento sistémico es un modo de análisis que evalúa todas las partes que se interrelacionan y que a su vez conforman una situación hasta lograr una mayor conciencia de los sucesos y del porqué.

    B. Materialista o idealista

    Se refiere a si responde a alguna exigencia de compatibilidad con la realidad o está fantaseando con ideas que remiten a cosas inmateriales, metafísicas o irreales. Distinguimos filosofía materialista e idealista en tanto  que la concepción sistemática de la realidad que se propone no puede existir sin una realidad física-corpórea. Negamos la metafísica en tanto que negamos la existencia de una realidad abstracta inmaterial, ideal o imaginaria que tenga alguna autonomía independiente del mundo físico-corpóreo. Negamos que exista una realidad metafísica (inmaterial) o un “mundo de las ideas” sobre el cual no se pueda operar de alguna manera con el mundo físico-corpóreo. Esto no quiere decir que toda la realidad se reduce a lo físico-corpóreo, sino que cosas como las ideas y sentimientos no existen en un “mundo” separado de este (metafísico) con sus propias reglas, y mucho menos con una predominancia sobre el nuestro.

    C. Crítica o acríticamente. 

    Es preguntarse si examina críticamente las ideas con las que trabaja o las asume como presuponiendo que se sabe de lo que se habla sin cuestionar su fundamento, origen, significado, desarrollo histórico, coherencia y compatibilidad con la realidad. Para tener claras las ideas hay que tener claros los conceptos de los que surgen esas ideas (y para eso también hay que definir qué es un concepto y qué es una idea). 

    Por tanto, si tenemos una forma de relacionar las ideas asistemática, idealista, y acrítica, no tenemos una verdadera filosofía en sentido estricto, sino que tenemos una ideología, un sofisma, una interpretación oracular de la realidad, un pajazo mental, o en todo caso, para ser generosos: una filosofía vulgar y mundana. Esta es la principal diferencia entre ideología y filosofía, pues si bien en la práctica las dos hacen lo mismo: relacionar ideas, lo que las diferencia es la forma en la que lo hacen. Por eso toda filosofía es una ideología (es una forma de relacionar ideas) pero no toda ideología constituye una filosofía, pues para serlo, tendría que construir un sistema metodológico, organizado y racional para realizar dicha relación de ideas.

    ¿Y qué diferencia a una idea de un concepto?

    Ideas y conceptos

    Los conceptos son la unidad mínima de conocimiento, son la base de los sistemas científicos, son referentes específicos, categoriales (“categorías” es una idea de Aristóteles, que significa “partes”, “regiones” de la realidad separadas de otras regiones).

    Las ideas no son referentes específicos ni categoriales, son referentes trascendentales porque trascienden las categorías, rebasan las ciencias, atraviesan a los conceptos y los interrelacionan.

    Las ideas tienen un fundamento material. De una u otra forma tienen siempre una genealogía causalmente material, las ideas no surgen de entidades inmateriales (que no existen) aunque puedan remitir a ellas, las ideas surgen siempre de conceptos y causas materiales. Las ideas se fundamentan en una coordinación transcategorial, trascendental de los conceptos de tal modo que no podemos interpretar una idea sin tener en cuenta los conceptos sobre los cuales esa idea se fundamenta. 

    Los conceptos dan lugar a construcciones científicas y las ideas dan lugar a construcciones filosóficas, las ideas surgen de los conceptos, los interrelacionan, y por eso no se puede construir una filosofía sin ciencia, hay que desconfiar de todo filósofo que no sea científico, no podemos interpretar filosóficamente nada de espaldas a las ciencias. La filosofía tiene que partir de una realidad interpretada o construida científicamente, de una realidad que es el resultado de construcciones científicas.

    En resumen, los conceptos son referentes categoriales que tienen siempre un fundamento material y las ideas por su parte exigen la preexistencia de los conceptos para poder desarrollarse porque las ideas son una coordinación de los conceptos a los cuales trascienden y relacionan; las ideas se construyen a partir de los campos categoriales, y a partir de los conceptos que surgen en los campos categoriales y suponen una coordinación entre ellos. Entonces a partir de los conceptos categoriales, es decir, a partir de las construcciones científicas, es que se puede construir un sistema de ideas, o lo que es lo mismo, una filosofía. 

    Por tanto, si no tenemos definidos conceptualmente los términos que estamos usando, si no tenemos definidos los conceptos, difícilmente podemos proceder a la interpretación de las ideas que emergen de esos conceptos y que exigen una relación interconceptual y transconceptual. Es por esto que ser incapaz de diferenciar un concepto de una idea, a la hora de enfrentarnos a cualquier interpretación filosófica, supone descarrilar en el primer kilómetro.

    Platón cuando construye el primer método filosófico del mundo lo hace a partir de un sistema de conceptos organizados en torno a un campo categorial, una ciencia bien definida que es la geometría, el saber de primer grado (científico), que toma como modelo, como referencia, al igual que Aristóteles, para construir su filosofía que sería ya un saber de segundo grado.

    ¿Qué son los saberes de primer y segundo grado?

    Un saber de primer grado es lo que surge a lo largo del desarrollo de las distintas actividades humanas (artesanales, técnicas, científicas, artísticas, tecnológicas, políticas, económicas, militares, teológicas, etc.) que van elaborando una serie de conceptos prácticos y precisos que les permiten desenvolverse en sus correspondientes “campos”, “categorías” o “partes” del mundo sobre los que actúan. Y todas estas actividades van definiendo los “conceptos” (términos, operaciones, referenciales y relaciones) a medida que estudian y transforman su “pedazo” de la realidad. Estos son los saberes de primer grado.

    El hombre es un animal que no puede existir sino produciendo, es al transformar la realidad (el mundo que le rodea) que puede producir sus medios de vida, y a medida que la transforma va conociendo, operando y estudiando la realidad, así surgen los saberes de primer grado. 

    Por ejemplo, en la carpintería, que es una técnica, al transformar la materia con la que trabaja (es la materia con la que se trabaja la que define y diferencia a todas las ciencias y demás saberes de primer grado) van surgiendo determinados conceptos como martillar, serruchar, tabla, tronco, silla, mesa, etc. Esos son los conceptos, que siempre son términos (carpintería, acabado), operaciones (martillar, serruchar, lijar) referenciales (madera, pino, cedro, arce, martillo, serrucho, etc.) o relaciones, que pueden expresarse como relaciones de posición (ángulo, perspectiva, orientación), relaciones espaciales (encima, debajo, delante, detrás, cerca, lejos), relaciones temporales (antes, después, simultáneamente), relaciones causales (causa, efecto, medio, resultado), relaciones de proporción o medida (más grande que, más pequeño que, igual a), relaciones de orden (primero, segundo, último), entre otras.

    Cabe aclarar que no todos los conceptos construyen ideas.

    Ahora bien, teniendo claro que los conceptos son saberes categoriales específicos, es frecuente encontrar que un mismo concepto esté presente en categorías o “saberes” distintos, sin que se sepa muy bien si en todos ellos se refieren o no a lo mismo; por ejemplo:

    El concepto de “fuerza” es usado con exactitud por saberes distintos: En la física (fuerza gravitatoria), en la geología (fuerza sísmica), en la politología (fuerza militar), en la gimnasia (fuerza muscular), en la economía (fuerza productiva), en la teología (fuerza de la fé), en la termodinámica (fuerza motriz) y etc. Ahora bien, lo que llamamos “fuerza gravitatoria”, “fuerza física”, “fuerza muscular”, “fuerza militar”, “fuerza productiva” ¿Qué relación tienen entre sí? ¿Son la misma “fuerza”?

    Pues no, al comparar los distintos conceptos de “fuerza” en busca de parecidos, diferencias, contradicciones, etc., aparece “algo” nuevo que ya no es un concepto pero que los relaciona a todos. Ese “algo” es a lo que denominamos “idea”, en este caso, la idea de “fuerza”.

    Y así existen multitud de conceptos de los que surgen las ideas.

    Establecer las relaciones entre conceptos que dan lugar a las ideas requiere de un tipo de saber que ya no es un saber de primer grado, ese saber es lo que entendemos por filosofía, que al nutrirse de saberes de primer grado le denominamos saber de segundo grado.

    Pero la filosofía no es una “superciencia” que las abarque a todas porque no existe ni puede existir “LA CIENCIA” (esas mayúsculas hipostasían) en sentido abstracto y unívoco, ni una “ciencia de las ciencias”, lo que en realidad existen son ciencias, en plural, y cada una se encarga de su campo específico, por eso el concepto de “fuerza productiva” de la economía no sirve para explicar la “fuerza de gravedad” de la física, ni la “fuerza sísmica” de la geología sirve para explicar ni entender científicamente la “fuerza motriz” de la termodinámica y etc. Por eso las ciencias no pueden construir esas relaciones entre ideas porque cada ciencia se ocupa de su campo específico y no puede explicar a los demás. Las ciencias trabajan con conceptos y la filosofía con ideas. Y todos, incluidos los científicos, tienen una filosofía (o ideología), una forma de relacionar las ideas, aunque no lo sepan.

    En resumen, a lo largo del desarrollo de la humanidad, las distintas actividades humanas van elaborando una serie de conceptos prácticos y precisos que les permiten desenvolverse en los correspondientes campos o partes del mundo sobre los que actúan. Estos conceptos son necesarios para entender de qué estamos hablando en cada ámbito, bien sea científico, artístico, técnico, tecnológico, religioso, político, etc., pues en su desarrollo, las ciencias dan lugar a una serie de conceptos para explicar su parte de la realidad, para explicar su propio campo del conocimiento y de estos conceptos surgen ideas que la filosofía captura, relaciona y clasifica.

    Como ya hemos dicho, los saberes de primer grado solo saben de su propio concepto y son incapaces de abarcar los conceptos de los otros saberes, por eso los saberes de primer grado no pueden establecer las relaciones entre conceptos que son necesarias para llegar a las correspondientes ideas. En este sentido hay una relación entre unas cosas y entre otras no. Establecer por tanto esas relaciones entre conceptos que dan lugar a las ideas requiere de un tipo de saber que ya no es un saber de primer grado, sino que es un saber de segundo grado, ese saber es la filosofía y la filosofía tiene como prerrequisito el conocimiento de los saberes de primer grado, por eso se le denomina saber de segundo grado, porque es “un saber de saberes”.

    Por lo tanto se pueden decir tres cosas fundamentales sobre la filosofía:

    1. Que no es la madre de las ciencias, es hija, puesto que tiene como requisito previo el conocimiento de estas para constituirse. Por eso Platón cuando fundó en Atenas la primera escuela de filosofía del mundo, hace 2.400 años, puso un letrero en la puerta que decía “Que no entre aquí quien no sepa geometría”.
    2. La filosofía no es una superciencia que las abarque a todas aunque se interesa por toda la realidad, por todo “el saber”, mejor dicho, por todos los saberes, pero clasificándolos, comparándolos, analizándolos y relacionándolos.
    3. La filosofía no produce nada por sí misma. De los conceptos se extraen las ideas y como estas son diversas y cambiantes, las clasifica y relaciona sistemáticamente.
      Por eso Sócrates decía que “mi arte mayéutico tiene las mismas características generales que el arte de las parteras”, porque ayuda a dar a luz, pero no a cuerpos sino a ideas, y si bien la filosofía igual que las parteras, ayuda a dar a luz a los saberes de primer grado, no puede parir nada por sí misma, es decir, no puede producir conocimiento por sí sola. 

    Estos son los presupuestos básicos de la concepción materialista de la filosofía.

    ¿Qué significa Materialismo Político?

    Como ya aclaramos, el Materialismo Político es un sistema filosófico, cuyo nombre está conformado por dos palabras: 3

    1. Materialismo

    El materialismo es la filosofía que niega la posibilidad de entes inmateriales y conciencias incorpóreas. Y es materialista toda corriente de pensamiento filosófico que tenga como sustrato la centralidad de la materia y de lo material.

    Desde el Materialismo Político definimos a la materia como la idea filosófica de realidad, como todo lo que existe, como todo lo que fue, es y será, una realidad que es plural y que está en constante movimiento y cambio.

    Para nosotros, la materia en particular, y lo material en general, es el elemento constitutivo y esencial de toda la Realidad, de todo lo que ha habido, hay y habrá. A su vez, es una idea ontológico-filosófica que excede lo físico-corpóreo con lo que vulgarmente se la suele confundir y que no puede caracterizarse como un contenido categorial científico (como concepto), porque también excede a las ciencias categoriales (como idea). Dicho de otro modo, una cosa es el concepto de materia (de la física) y otra es la idea de materia (de la filosofía).

    Marx construye la primera concepción materialista de la historia oponiéndose al idealismo y al empirismo (aunque no haya sido el primero en usar el término “materialismo”), porque pensar siempre es pensar contra algo, como decía Gustavo Bueno. Del mismo modo, Platón construye el primer sistema filosófico de la historia oponiéndose a los sofistas, a los monistas y a los atomistas, así también construye su idea de Symploké  (que ya veremos de qué trata), y elabora un método para diferenciar a un verdadero filósofo de un falso filósofo en su obra “El sofista”.

    Lo que Marx revoluciona en el pensamiento filosófico es una tercera vertiente que se distancia y opone a las dos grandes corrientes filosóficas de su época: el idealismo y el empirismo, con una tercera forma de ver el mundo donde la realidad no es una cosa que nosotros observamos y descubrimos pasivamente a través de los sentidos (empirismo), ni una expresión de las ideas que están en un mundo aparte (idealismo). Sino que el mundo es la construcción a partir del conjunto de las relaciones sociales y esto es una manera totalmente revolucionaria de pensar absolutamente todo, es otra manera de pensar y entender al mundo: Nosotros construimos al mundo. Y no podemos entender el mundo sin entender la historia del mundo.

    Mi método dialéctico no sólo es en su base distinto del método de Hegel, sino que es directamente su reverso. Para Hegel, el proceso del pensamiento, al que él convierte incluso, bajo el nombre de idea, en sujeto con vida propia, es el demiurgo (creador) de lo real, y lo real su simple forma externa. Para mí, por el contrario, lo ideal no es más que lo material transpuesto y traducido en la cabeza del hombre. 4

    K. Marx

    Así como Darwin descubrió la ley de la evolución del mundo orgánico, Marx descubrió la ley de la evolución de la historia humana: el hecho tan sencillo, pero oculto hasta entonces bajo la maleza ideológica, de que el hombre necesita, en primer lugar, comer, beber, tener un techo y vestirse antes de poder hacer política, ciencia, arte, religión, etc.; que por tanto la producción de los medios materiales inmediatos de vida y, por consiguiente, la correspondiente fase de la evolución económica de un pueblo o de una época son la base sobre la que se han desarrollado las instituciones estatales, las concepciones jurídicas, el arte y también las ideas religiosas de los hombres, con arreglo a la que por tanto deben explicarse y no al revés, como hasta entonces se había venido haciendo. 5

    F. Engels

    Nuestra conciencia y nuestro pensamiento, por muy transcendentes que parezcan, son el producto de un órgano material, físico: el cerebro. La materia no es un producto del espíritu, y el espíritu mismo no es más que el producto supremo de la materia. 6

    F. Engels

    Por lo tanto se pueden decir tres cosas fundamentales sobre el Materialismo Histórico:

    1. El hombre necesita en primer lugar condiciones materiales favorables (comer, beber, un techo y vestirse) antes de poder hacer política, ciencia, arte, filosofía, religión, etc., pues es un animal que no puede existir sino produciendo; es al transformar la realidad (el mundo que le rodea) que puede producir sus medios de vida, y es a medida que fue transformando y produciendo el mundo que se transformó, produjo y reprodujo a sí mismo, pasando de ser animal a ser animal humano (“El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre” – Engels). 
    2. El mundo es la construcción a partir del conjunto de las relaciones sociales: Nosotros construimos al mundo. Y no podemos entender al mundo sin entender la historia del mundo.
    3. El motor de la historia es el desarrollo de las fuerzas productivas (la transformación del mundo), que generan determinadas relaciones de producción que producen y reproducen determinadas clases sociales, que son contradictorias entre sí y resuelven su contradicción en la lucha (dialéctica) de clases.

    Estos son los presupuestos básicos de la concepción materialista de la historia.

    2. Político

    Político porque la racionalidad humana es producto de la vida política. Es imposible el desarrollo de los saberes de primer grado (técnicos, tecnológicos, científicos, antropológicos, políticos, matemáticos, físicos, biológicos, artísticos, etc.) como así los de segundo grado (la filosofía) fuera del marco de las sociedades políticas. Pero además porque su objetivo, al contrario de todo tipo de gnosticismo, es su implantación política para transformar la realidad.

    Nuestro materialismo político se opone frontalmente tanto al espiritualismo mundano que estudian los antropólogos o los sociólogos (el oscurantismo plebeyo, el “misterio” popular, las “ciencias” ocultas, el tarot, la superchería en general, etc.), como al espiritualismo académico, filosófico (idealismo-metafísica) o teológico. Y decimos que se opone a todo tipo de espiritualismo porque el sustancialismo metafísico es imposible por contradictorio, ya que eterniza, absolutiza e inmoviliza determinadas morfologías del Universo, separándolas del entramado estructural o causal en el que necesariamente están insertas, dándoles una autonomía propia contradictoria e imposible. No puede tener autonomía la conciencia al margen del cuerpo (la idea de alma trascendental al cuerpo). Las ideas sustancializadas, no dialécticas, hipostasiadas metafísicamente, sólo son ideas filosóficas llevadas al límite en totalidades imposibles, con una racionalidad metafísica que se revela como una pseudo-racionalidad corrupta que se da de bruces con la realidad efectiva. Así ocurre con la idea de Dios, espíritu, fantasma, libre mercado, ángeles, utilidad marginal, género, derechos naturales, etc.

    El materialismo será toda corriente que niegue la posibilidad de conciencias incorpóreas. Para el materialismo la conciencia no solo implica corporeidad, sino también vida con un sistema nervioso desarrollado en un organismo que sea capaz de percibir y operar sobre el Universo-Mundo.

    Los humanos formamos parte de la materia, del cosmos. Debido a la posesión de una conciencia que es relativa al cuerpo y que es una construcción colectiva, somos el único ente inteligente conocido hasta la fecha con capacidad de conocimiento, ergo los humanos somos la única entidad de la materia con la capacidad de conocerla: somos la capacidad que la materia ha producido que puede conocerse a sí misma: somos la materia conociéndose y experimentándose a sí misma.

    La conciencia filosófica es una construcción colectiva producto de la vida política y es una característica más de la materia, es otro fenómeno de la infinita pluralidad de fenómenos producto de determinadas configuraciones de los distintos géneros de materialidad y que aunque no son materia física en sí, no son fenómenos espirituales (como la gravedad, las ondas, el magnetismo, la radiación, etc.). Es la propia materia (no ningún espíritu) la que toma conciencia de sí misma, por eso decimos que la conciencia filosófica es material y es producto de la vida política, por lo tanto, el Materialismo Político no es una filosofía más entre otras, sino que toda filosofía, en lo que tenga de verdadero, ha de ser materialista y ha de ser política. Así, la historia de la filosofía es la historia de cómo progresivamente se ha ido tomando conciencia del materialismo. Es decir, es la historia del materialismo desarrollándose desde el primer sistema filosófico construido por Platón (basado en los avances de sus predecesores), pasando por las categorías, la “Política” y la lógica de Aristóteles, por las concepciones del “ser” y la racionalización de la idea de Dios de Santo Tomás, el materialismo ontológico del “Deus sive natura” de Spinoza, el idealismo objetivo de Hegel y su concepción de la dialéctica, la concepción materialista de la historia de Marx y la concepción materialista de la filosofía de Bueno, convergiendo discontinuamente (es decir, con rupturas y continuidades), entretejidas y culminando en el presente con el Materialismo Político, desarrollándose y superándose hasta que eventualmente sea superado dialécticamente por las siguientes generaciones.

    Porque no se puede enfrentar la realidad ignorando las premisas de aquellos pensadores que nos han precedido en el ejercicio de esta interpretación, porque interpretar el mundo ignorando a aquellos que estuvieron antes que nosotros implica adoptar una actitud completamente ingenua y carente de fundamentos. Eso fue lo que hizo el romanticismo, se puso a interpretar la realidad ignorando el barroco hispánico, eso es lo que hicieron Nietzsche (que despreciaba toda la tradición filosófica clásica), Fichte, Schelling, Herder, Kant y en general los filósofos del idealismo alemán, que aunque puedan tener partes muy racionales, en general terminaron construyendo una filosofía que hace que el hombre se vuelva incompatible con la realidad. Solo lograremos ver más lejos subidos a los hombros de gigantes.

    En la producción social de su vida, los hombres entran en determinadas relaciones necesarias e independientes de sus voluntades, relaciones de producción que corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción constituye la estructura económica de la sociedad, que tiene una base real sobre la cual se edifica una superestructura jurídica y política y a la cual corresponden determinadas formas sociales de conciencia… El modo de producción de la vida material condiciona, por lo tanto, en general, el proceso de la vida social, política y espiritual. 7

    K. Marx

    Los filósofos (gnosticistas) no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo. 8

    K. Marx

    Las generaciones que nos corregirán serán probablemente mucho más numerosas que aquellas cuyo conocimiento corregimos nosotros, con bastante desprecio a menudo. 9

    F. Engels

    El materialismo histórico de Marx es tan importante, que no asimilarlo es como ser precopernicano. 10

    G. Bueno

    En el futuro, el Materialismo Político deberá ser capaz, también, de asumir ideas, corrientes y teorías de otras doctrinas filosóficas, siempre que apunten a la transformación materialista, revolucionaria, del Universo desde el aquí y ahora. 11

    S. Armesilla

    Y todo lo dicho en este texto son los presupuestos básicos para abordar la concepción materialista de la vida política.

    Referencias

    1. Bueno, G. (1991). Parte II: Ontológica. En Primer ensayo sobre las categorías de las ciencias políticas. Fundación Gustavo Bueno. https://www.fgbueno.es/med/dig/gb91ccp4.pdf[]
    2. Bueno, G. (1995). ¿Qué es la filosofía? El lugar de la filosofía en la educación. El papel de la filosofía en el conjunto del saber constituido por el saber político, el saber científico y el saber religioso de nuestra época. Pentalfa. https://www.filosofia.org/aut/gbm/1995qf.htm[]
    3. Utín, M. (2022, 6 de junio). Conceptos fundamentales del Materialismo Político (I). La Razón Comunista. https://www.larazoncomunista.com/post/12-1-conceptos-fundamentales-del-materialismo-pol%C3%ADtico-i[]
    4. Marx, K. (1873). Palabras finales a la segunda edición alemana del primer tomo de El Capital. Marxists Internet Archive. https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/pfal72s.htm[]
    5. Engels, F. (1883). Discurso ante la tumba de Marx. Marxists Internet Archive. https://www.marxists.org/espanol/m-e/1880s/83-tumba.htm[]
    6. Engels, F. (1886). Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana. Marxists Internet Archive. https://www.marxists.org/espanol/m-e/1880s/feuer/index.htm[]
    7. Marx, K. (1859). Prólogo. En Contribución a la crítica de la economía política. Marxists Internet Archive. https://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/criteconpol.htm[]
    8. Marx, K. (1845). Tesis sobre Feuerbach. En Instituto de Marxismo-Leninismo del CC del PCUS (Ed.), Obras escogidas en tres tomos (Tomo 1, pp. 7-10). Editorial Progreso. https://www.filosofia.org/cla/ome/45tes_d.htm[]
    9. Engels, F. (1878). Sección primera: Filosofía. IX. Moral y derecho. Verdades eternas. En Anti-Dühring. La revolución de la ciencia por el señor Eugen Dühring. Marxists Internet Archive. https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/anti-duhring/ad-seccion1.htm[]
    10. Amela, V.-M. (1999, 16 de julio). Gustavo Bueno: «Yo mataría al etarra Barrios con mis manos» [Entrevista]. La Vanguardia. https://www.fgbueno.es/hem/1999k16.htm[]
    11. Armesilla, S. (2020). La vuelta del revés de Marx: El materialismo político entretejiendo a Karl Marx y Gustavo Bueno. El Viejo Topo.[]
  • De las Vanguardias Iberófonas, su raíz católica y el marxismo

    De las Vanguardias Iberófonas, su raíz católica y el marxismo

    Muchos me han preguntado si las Vanguardias Iberófonas son “verdaderamente” marxistas. A estas personas van dirigidas estas líneas. La respuesta corta es que sí, somos marxistas, pero hay que matizar una serie de cuestiones porque no existe un solo marxismo sino distintas corrientes o vertientes del mismo, muchas incluso enfrentadas entre sí.

    Se podría decir que existe un “tronco común” de ideas fundamentales, pero a partir de ahí, el pensamiento marxista se ha ramificado en diversas direcciones, a menudo en debate unas con otras (como el trotskismo con el estalinismo, o los conflictos entre soviéticos y maoístas).

    Cuando hablamos de marxismo nos referimos al “materialismo histórico”, que es el método de análisis y razonamiento sistemático basado en las tesis de Marx. Así, en las Vanguardias Iberófonas Socialistas somos tan marxistas como somos aristotélicos, platónicos, tomistas, espinozistas, hegelianos, escolásticos —y gustavobuenistas—, entre otros. Porque el propio Marx también era esencialmente aristotélico-tomista. Y como diría Gustavo Bueno, no reconocer la importancia de Marx en la historia del pensamiento equivale a ser precopernicano.

    Por eso nos suscribimos al Materialismo Político, la doctrina filosófica propuesta por Santiago Armesilla. Es una doctrina que, desde nuestra propia herencia filosófica y cultural hispano-católica, fusiona el materialismo histórico de Marx y Engels con el materialismo filosófico de Gustavo Bueno y otras fuentes más.

    Ahora bien, sabemos que desde distintos sectores marxistas se suelen acusar unos a otros de no ser “verdaderos” marxistas. A estos críticos hay que responderles un par de cosas.

    En primer lugar, que como ya dijimos, no existe un solo marxismo, sino que existen diversas vertientes del mismo. En segundo lugar, que el propio Marx afirmó no ser marxista. Y la solidez de su pensamiento estaba, precisamente, en la síntesis de fuentes tan diversas que contenía.

    El filósofo Moses Hess, quien inicialmente fue compañero de Marx en los hegelianos de izquierda, aunque después se enfrentaran tanto filosófica como políticamente, describió el pensamiento de Marx de una manera muy reveladora. Decía que no era una mera colección de autores —lo que hoy entenderíamos por eclecticismo—, sino una combinación propia, auténtica y coherente de todos ellos. Una combinación que integraba lo más interesante de cada uno.

    Fragmento de la carta de Moses Hess a Berthold Auerbach (2 de septiembre de 1841) elogiando la profundidad filosófica de Marx. Reproducción de M. Rubel en Karl Marx, Essai de biographie intellectuelle, Éd. Marcel Rivière, 1971.

    Y eso es lo revolucionario del materialismo histórico: la capacidad que tuvieron Marx y Engels de nutrirse de elementos tan diversos. Por ejemplo, las ideas de la Ilustración francesa —con Rousseau, La Mettrie o Holbach—; los economistas clásicos ingleses, como Adam Smith y David Ricardo; la filosofía clásica griega de Aristóteles, Platón y Epicuro; el método dialéctico hegeliano; los materialismos premarxistas de Feuerbach, Gassendi o Diderot; las ciencias naturales y formales más avanzadas de su época; e incluso los valores morales cristianos, como el propio Engels reconoce en su Contribución a la historia del cristianismo primitivo donde valora positivamente al cristianismo en sus orígenes como un movimiento revolucionario de las clases oprimidas comparándolo con el movimiento socialismo obrero de su época.

    De todos estos saberes tomaron postura dialécticamente, decantándose por los postulados más potentes, racionales y compatibles con la realidad de cada uno. Y todo ello en coherencia con unos principios rectores que también definieron dialécticamente, no dogmáticamente. Estos principios constituirían los fundamentos de su sistema filosófico, de su método dialéctico de análisis y razonamiento sistemático: el materialismo histórico. Como ya se dijo, eso es lo que entendemos como marxismo.

    La potencia de un sistema filosófico radica en su síntesis de determinaciones. Es decir, en la capacidad que tenga de asimilar otros saberes, de sintetizar otros sistemas y conocimientos dentro de sus propias categorías. Esta es la clave del éxito chino: la síntesis del marxismo con su propia tradición civilizatoria —el confucianismo, el taoísmo y el budismo—. Y es esencialmente la misma idea que quiso expresar Gustavo Bueno cuando dijo: “Como si fuera un animal de presa, cada sistema filosófico tiene que vigilar y conocer atentamente a los otros sistemas filosóficos, porque de ellos, una vez destruidos —o asimilados—, depende su propia verdad”.

    Las Vanguardias Iberófonas se reconocen como coherederas legítimas —aunque no las únicas— de la escolástica hispano-católica, que tiene su mayor auge en la Escuela de Salamanca. Esta tradición es, para nosotros, la continuación y superación de la filosofía griega, el derecho romano, la moral cristiana y sus respectivos mestizajes que la nutrieron y enriquecieron inmensamente. Son para el mundo hispano lo que el confucianismo, el budismo y el taoísmo son para el pueblo chino.

    Es el propio Marx quien en La sagrada familia reconoce en los escolásticos los primeros esbozos del pensamiento materialista aunque con los elementos teológicos propios de su época y las limitaciones de su respectivo momento histórico, pero fue en el seno de la escolástica que se desarrollaría el método de análisis y razonamiento que seguiría evolucionando hasta llegar a la racionalidad que Marx hereda, reorganiza y reconstruye.

    La escolástica es una de las filosofías más racionales y sistemáticas de la historia, entre otras cosas, por sus fundamentos. En ella, como lo dice la Biblia (Jn 8:32), desarrolla Santo Tomás y profundiza Francisco Suárez, está la idea de que solo la verdad nos hará libres. Y a la verdad se accede mediante el uso de la razón, que no se opone a la fe, sino que la complementa, a diferencia de la tradición musulmana o la protestante que consideraban a la razón como enemiga de la fe.

    La libertad es, entonces, para la tradición católica, el conocimiento de la verdad mediante el ejercicio racional orientado al bien común: la búsqueda del bien, la verdad y la belleza.

    ¿Y cómo sabemos qué es la verdad?, para la misma tradición escolástica-aristotélica, lo verdadero se define como la coherencia o correspondencia entre el juicio —entre lo que se dice— y la realidad —lo que es, lo que existe—. Un criterio profundamente racionalista y realista o protomaterialista —desde nuestras coordenadas—, tal y como lo definió Aristóteles en su Metafísica:

    Decir de lo que es que no es, o de lo que no es
    que es, es falso; decir de lo que es que es y de lo
    que no es que no es, es verdadero.

    Y es más, todavía cabe decir que el mismo Marx era también heredero indirecto de esta racionalidad católica. El historiador británico Richard Henry Tawney, en su libro Religion and the Rise of Capitalism de 1926, supo dar cuenta de ello magistralmente cuando dijo que “la auténtica herencia de las doctrinas del Aquinate es la teoría del valor-trabajo: el último de los escolásticos es Karl Marx”. Lo dice, entre otras cosas porque fue Marx quien retoma la tradición que defendía una teoría objetiva del valor desde Santo Tomás de Aquino, con quien coincide en que el valor de una mercancía debe guardar relación con el trabajo incorporado en ella, y ambos rechazan interpretaciones puramente subjetivas del mismo, aun cuando sus marcos conceptuales, sus fundamentos ontológicos y objetivos teóricos-políticos eran distintos.

    Así mismo las ideas de propiedad colectiva y que el pueblo puede rebelarse contra un gobierno injusto, incluso mediante la violencia, cuando no se gobierna para el bien común sino para favorecer intereses individuales o particulares; estos eran valores e ideas postuladas y defendidas por los escolásticos (como Juan de Mariana en De rege et regis institutione de 1599), que depurados de sus elementos espiritualistas, idealistas y teológicos, dan lugar a la idea de revolución comunista materialista en el marxismo.

    Mientras que los marxistas escolares se pelean por ver quién es más “fiel” a lo que decía Marx, por ver quién es un “verdadero” marxista, en la escuela del Materialismo Político hacemos algo distinto. Además de estudiar su obra con rigor, nos esforzamos en hacer también lo que Marx hacía. O, mejor dicho, nos esforzamos en lograr la síntesis coherente entre lo que Marx hacía —lo que está en ejercicio— y lo que decía —lo que está en representación—; entre lo implícito y lo explícito. Y Marx no hacía otra cosa que estudiar y entretejer una enorme pluralidad de fuentes, tomando postura apagógicamente por las tesis más potentes, más racionales y compatibles con la realidad. No se puede decir que eso fuera un mero eclecticismo, porque el pensamiento ecléctico no puede aspirar a una racionalidad filosófica sólida. El eclecticismo se limita a “recoger” ideas de todas las fuentes, pero sin integrarlas críticamente en una totalidad coherente.

    Por eso no somos marxistas talmudistas. Y aunque consideramos a Marx una parte imprescindible de la historia del pensamiento, en la base de nuestro sistema filosófico no está su palabra solo por ser Marx. Tampoco la palabra de Gustavo Bueno, ni la de Santo Tomás, ni la de Aristóteles, ni la de nadie. En la base de nuestro sistema filosófico sólo está la dialéctica: el método apagógico. Ese método que busca, por demostración de la falsedad de las tesis opuestas, afirmar la verdad de sus propias tesis. Es decir, es un método que tiene que tener en cuenta todas las tesis que van saliendo por el camino e ir tomando postura por las que se demuestran verdaderas, por las más potentes y coherentes con la realidad, no por las que nos parezcan más bonitas o más simpáticas.

    Y aunque reivindicamos nuestra propia tradición filosófica hispánica, helénica, romana y mestiza, al final no respondemos a ninguna exigencia de compatibilidad con ninguna escuela o tradición sino con la realidad material misma.

    Porque esa es la única forma de honrar y ser realmente fieles a nuestra tradición y al deber de todo filósofo. Como lo hubiera dicho Aristóteles en la Ética a Nicómaco: “Somos amigos de Platón pero somos más amigos de la verdad”. Del mismo modo en nuestra escuela decimos que somos amigos de Marx, Bueno y Santo Tomás, pero también somos más amigos de la verdad. Y la única verdad es la realidad, y la realidad es material. Por eso somos, antes que nada, materialistas.